Mel Capitán, víctima y verdugo del especismo

¿Como es posible que una chica joven, guapa, popular y que decía ser tan feliz y estar tan encantada con lo que hacía (la caza) de repente se pegue ella misma un tiro? ¿No será que quizás no era tan feliz? ¿Como puede ser que amando tanto a los perros, y en especial a su perro, en cambio no pareciera importarle lo más mínimo los animales que ella misma mataba? ¿No será que en realidad se veía empujada a mostrar una felicidad superficial que no sentía por presión del entorno en el que se encontraba? Leer más

Introspección

Minientrada

El cambio psicológico llega cuando sentimos en nuestra mente la violencia con la que tratamos a esos que siempre hemos considerado “productos vivos” para ser consumidos.

Una verdad incómoda que nos hemos acostumbrado a esconder entre lo normalizando. Ya sea en el hábito, la rutina o el placer egoísta que secunda el conjunto de mentes. Y es que como decía José Ingenieros; “En la culpa colectiva se esconde la responsabilidad de cada uno.

El insaciable consumismo y su relación con la comida

Atrapados en una sociedad que nos incita a producir y comprar de manera irreflexiva, innecesaria e incluso perjudicial, hemos quedado emocional e intelectualmente anclados en la superficialidad y la decadencia moral. Sin ser capaces de advertir de que el acto más revolucionario contra ese consumismo se haya en algo tan básico como son nuestros platos.

Suena el despertador a las 7 de la mañana y nos levantamos con el objetivo de ir al trabajo, donde invertiremos más de 9 horas entre trayectos, comidas y faena haciendo algo que seguramente ni siquiera nos gusta ni nos interesa, repitiéndolo así durante al menos cinco días a la semana. Y cuando llegamos a casa después de esa agotadora jornada laboral nos sentimos reventados, pero no podemos olvidar de que en ella también hay faena que realizar. Así que al final del día el tiempo que nos queda para disfrutar haciendo lo que nos gusta es bastante escaso, por no decir efímero, y suele reducirse a ver un rato la tele, a ejercer la navegación fantasma por internet, a tomar una cerveza con algún amigo fuera y poco más. Los más sacrificados quizás invertirán parte de ese escaso tiempo libre que les queda para hacer algo productivo, como practicar deporte o algún otro tipo de actividad personalmente beneficiosa, pero no por ello divertida. Leer más