Redefinición de “Los Derechos Naturales”

Cabe destacar que este texto se basa en la teorización de lo que considera el autor que son y deberían de basarse y deberse unos derechos naturales imparciales y deseados para todo individuo, los cuales a su vez pudieran servir de guía para aplicarse y concretarse en el marco legal de una supuesta sociedad justa.


Si bien el concepto de “derechos naturales” tal y como lo conocemos hoy en día ha sido consecuencia de una larga historia de acontecimientos desde que Ciro II el grande, rey de Persia y al que podríamos considerar pionero en declarar los mismos, tras conquistar Babilonia a mediados del siglo VI a.c. liberó a los esclavos reivindicando públicamente por primera vez en la historia que todo hombre era dueño de su propia vida, y pasando desde aquel entonces por diferentes capítulos de “quita y pon”(1). No fue hasta el año 1789 en Francia cuando a causa de una serie de revoluciones (revolución francesa) contra el absolutismo reinante de aquel entonces por parte de la corona, se llegó a conseguir reconocer temporalmente por escrito dicho derecho con la suma de otros (seguridad, libertad, propiedad, etc)  bajo ese lema y que aunque refiriéndose a la existencia de los mismos de manera independiente a ninguna potestad o autoridad humana, sino a un carácter universal e independiente, igualmente la esencia de los mismos siempre ha estado impregnada por un carácter teocentrista y/o antropocentrista que ha impedido inevitablemente la evolución ética de los mismos y ha simplificado su contenido derivándose a una versión legal reducida que hoy en día disfrutamos solo una mínima parte de los individuos humanos y conocida como “Derechos humanos”.

Es por tanto, que ante la nueva perspectiva más objetiva de la que disponemos hoy en día para entender la existencia(2), en gran parte gracias a los descubrimientos y avances científicos de estos dos últimos siglos, y partiendo desde un necesario entendimiento y organización ecosensocentrista(3) sobre el significativo de la misma, urge la necesidad de preestablecer y redefinir las bases de esos derechos naturales tratando de no caer nuevamente en arbitrariedades o ideas preconcebidas propias de nuestro pasado.

Primeramente, los derechos naturales han de partir incuestionablemente de la necesidad de considerar y asegurar el derecho a la vida y la salud de todo individuo sin importar cuales sean sus características anatómicas anexas a la raza, sexo o especie a la que pertenezca. Lo cual, consecuente y obviamente implica el considerar dentro de este paradigma moral a los animales no humanos, deshaciéndonos de este modo de la omisión arbitraria que padece el tan arraigado antropocentrismo en nuestras distintas culturas y sociedades humanas alrededor del mundo.

Este derecho principal y fundamental, que llamaremos derecho a la salud/vida, tal y como ha sido bautizado desde veganismoRV(4), viene a referirse explícitamente a que el individuo siempre que lo quiera pueda disponer de sus necesidades básicas cubiertas. Así como disponer de aire, agua, alimentación, descanso, temperatura adecuada, atención sanitaria y de higiene, y un mínimo espacio en el que poder desarrollar saludablemente sus capacidades cognitivas y necesidades físicas. Es obvio que si alguna de estas necesidades básicas no pueden ser cubiertas, los intereses biológicos y emocionales del individuo no podrán ser satisfechos y difícilmente podrá disfrutar de una abanico más amplio de intereses.

Una vez que estas necesidades básicas y fundamentales del individuo (derecho salud/vida) se encuentren garantizadas, es imprescindible considerar un segundo marco de necesidades/intereses dentro de lo que también debería tratar de garantizar la redefinición de derechos naturales que aquí defendemos, que aunque siendo secundarios, no por ello son triviales o prescindibles; como serian la sexualidad, la propiedad, la libertad y el auxilio.

– Sobre el derecho a la sexualidad, si bien podríamos catalogarlo dentro del derecho de libertad (explicado un poco más adelante), consideramos que al ser esta una característica y necesidad biológica inherente a la genética de los individuos (independientemente de que su fin sea el reproductivo) merece un trato particular. Cuando hablamos por tanto de derecho a la sexualidad, nos referimos a la libertad sexual de identidad o género (no confundir solo con género), de orientación, y a la posibilidad personal del individuo a poder satisfacer sus intereses y elecciones personales relacionadas con la actividad sexual. Es decir, debería garantizársele no solo su libertad sexual, sino también una serie de posibilidades para que el mismo pueda sentirse sexualmente satisfecho. Obviamente, siempre y cuando, este interés/derecho no se vea contrariado o pueda afectar negativamente contra la garantía de la primera gama derechos (salud/vida) u el resto de secundarios (que ahora estamos tratando) de ese mismo individuo u otros teniendo en cuenta siempre sus respectivas voluntades o intereses, de otra manera nos llevaría un conflicto de intereses(5).

– Sobre el derecho de propiedad, cabe destacar que este debiera entenderse de una manera completamente distinta a como hoy en día la concebimos por interferencia de la tan dominante doctrina liberal (o neoliberalismo) en nuestra sociedad de consumo, en favor a un derecho a la propiedad austero y en su objetivo o dependencia exclusivo principalmente a poder garantizar ese primer marco de necesidades básicas y fundamentales (derecho salud/vida). Que aunque lo deseable en una sociedad lo más ética y funcional posible (sociedad vegana) sería la autosuficiencia mediante “comunas” o infraestructuras públicas que puedan garantizar y cubrir esas necesidades, consideramos que no debería obviarse la posibilidad de otras causalidades(6) Dentro de este margen de “propiedad privada” también podrían incluirse objetos con valor sentimental para el individuo (Siempre y cuando el uso de éstos no pueda ser necesario y por tanto requerido para un bien común (que abarca a los intereses de más individuos) o incluso esencialmente necesario para un individuo específico)(7).

“Existen muchos recolectores cazadores que podían transportar todo lo que necesitaban en una sola mano, y a grosso modo mueren con todo lo que tenían al venir al mundo. Hubo un tiempo en que la humanidad lo compartía todo; con la irrupción de la agricultura, la propiedad se volvió esencial, y una especie pretendió poseer el mundo.”

Jhon Zerzan en “Futuro primitivo”

Por otro lado, aunque la idea de “propiedad” en relación a la pertenencia de objetos se encuentra en su totalidad ligada casi exclusivamente a la especie humana desde el momento en que dejamos atrás la prehistoria. Es necesario advertir que la “territorialidad”, tan común y evidente entre los individuos de diferentes especies animales en un entorno salvaje, debería también considerarse en su esencia una idea de propiedad. Sin duda alguna una idea de propiedad (territorialidad) totalmente ligada al instinto de supervivencia, pues sin la defensa de la territorialidad la vida e intereses de esos individuos no humanos en la mayoría de casos correría peligro.

Es por esta razón, que cuando hablamos del “derecho de propiedad” dentro de esta redefinición de “derechos naturales” es imprescindible también entender su posible aplicación y garantía entre los animales no humanos(8). Si por ejemplo para la supervivencia de una madre osa y sus oseznos es imprescindible la disponibilidad de una cueva donde poder hibernar, garantizarle dicho derecho entraría dentro del marco de propiedad imparcial que aquí defendemos. Por último cabe señalar, que tal y como ocurre en este último ejemplo citado, el derecho de propiedad debería de tratar de no ser en su esencia permanente (y por ende tampoco hereditario)(9), sino deseablemente temporal en dependencia de las necesidad del o los individuos, ya sean estos humanos o no lo sean.

– En cuanto al derecho de libertad, debido a que este es un concepto sumamente abstracto y dependiente a su vez de diferentes percepciones subjetivas y condicionamientos ideológicos o religiosos, es necesario primero clarificar a que nos referiremos en este blog cuando hablamos de libertad. Nos referimos a libertad, como a ese estado de autonomía o capacidad del individuo a poder tomar sus propias decisiones según su voluntad con el objetivo de cumplir con sus respectivos intereses sin estar condicionado o sujeto a la voluntad o intereses egoístas de otro u otros individuos. Es decir, asumir como derecho individual el poder elegir nuestro libre albedrío, pero siempre y cuando este no vaya contra los intereses de otros. Es por esta razón principalmente, que se entiende que la libertad no debe de ser absoluta, sino limitada, ya que permitir la libertad absoluta para todo individuo desembocaría inevitablemente en perjuicios contra otros individuos. Esta situación la vemos clara en el ejemplo del consumo de carne actual, cuando muchos humanos aluden a su supuesto “derecho de libertad” para poder comer carne si así lo desean, ignorando con ello que su libertad (en esta cuestión absoluta) está oprimiendo el interés de vivir de otros individuos (el de los animales no humanos sometidos para cumplir el egoísta fin de producir carne).

En resulta, la idea de libertad que aquí difundimos y defendemos debería ir completamente supeditada a la ética mediante el uso de la lógica y la razón, y entendemos que solo de esta manera podríamos confluir en validar una verdadera libertad imparcial y justa para todo individuo. De otra manera, la libertad sin un control ético solo desemboca en arbitrariedad, y perdería completamente su sentido. Por tanto, ultimaríamos en que la verdadera libertad necesita ser condicionada o limitada por una serie de códigos morales, de otra manera antepondríamos la libertad a la justicia. Que es además lo que exactamente ocurre hoy en día en la sociedad capitalista, donde se utiliza el pretexto de la libertad en “el mercado de libre comercio” como excusa para justificar la explotación de otros individuos o grupos de ellos y la degradación del medio ambiente.

Tal y como dice David Díaz, activista por los derechos de los animales y fundador de Respuestas Veganas en su entrada rebatiendo el relativismo ético:

“El poder económico queda entonces libre para seguir enriqueciéndose a costa de otros, aprovechándose de los vacíos legales en cuestión de derechos del trabajador, derechos humanos, derechos animales, leyes ambientales, etc. pues según ellos todo es relativo y no hay que construir unas leyes universales que limiten la libertad.”

Por otro lado, es necesario entender objetivamente que la necesidad y magnitud de libertad puede cambiar de individuo a individuo en dependencia a sus capacidades y funciones tanto físicas como cognitivas (respaldadas por el derecho salud/vida). El ejemplo más claro que podemos hallar en cuanto a un abanico más extenso de posibilidades en forma de libertad necesaria para complacer los intereses de un individuo en comparación a otros, serían los inherentes al ser humano(10), que sin duda alguna debido a sus capacidades cognitivas resulta necesario que sea mayor que el del resto de animales de otras especies. Lo vemos claro cuando hablamos de libertades de elección ligadas a factores culturales, religiosos, políticos y/o sociales, que a los no humanos simplemente les resulta indiferente.

En palabras del profesor en derecho y filosofía Peter Singer hablando sobre “el principio básico de igualdad” en su influyente libro “liberación animal” para el movimiento de los derechos de los animales:

“La extensión de un grupo a otro del principio básico de igualdad no implica que tengamos que tratar a los dos grupos del mismo modo exactamente, ni tampoco garantiza los mismos derechos a ambos grupos. El que debamos o no hacer esto, dependerá de la naturaleza de los miembros de los dos grupos. El principio básico de igualdad no requiere un tratamiento igual o idéntico; requiere una consideración igual, e igual consideración para seres diferentes puede conducir a diferentes tratamientos y derechos diferentes.”

En cambio, parece que para el resto de individuos de otras especies animales la necesidad por un derecho de libertad tiende a limitarse al desplazamiento, siendo además la magnitud del mismo dependiente también a las necesidades e intereses propios de la especie. Por ejemplo, será diferente la magnitud de interés de libertad de desplazamiento de un cocodrilo a la de un ratón de campo o a la de un lobo de Alaska, limitándose ellas al nicho ecológico en el que suelen vivir esas especies para complacer todas sus necesidades e intereses. Pues aunque un caimán negro del amazonas tenga opción para irse a convivir con sus primos lejanos del Congo o de la India difícilmente lo hará, pues no tiene necesidad ni interés para realizar tan largo viaje (incluso en caso de realizarlo por seguro le producira el efecto contrario; sufrimiento o muerte = Frustración de intereses básicos). Lo mismo pasaría con el ratón de campo, el cual puede satisfacer sus necesidades/intereses en un espacio mucho más pequeño sin necesidad ni interés de desplazarse a otros, o con el lobo americano, siendo este último quizás uno de los animales terrestres que más necesidad en libertad de desplazamiento precisan para satisfacer sus intereses, pero que tampoco tendría necesidad de traspasar las fronteras del nicho ecológico en el que sobrevive. Destacamos además que la libertad de desplazamiento, una vez cubiertos los intereses básicos del individuo, es fundamental para el mismo ya que esta es la principal precursora de las experiencias, siendo estas a su vez las que dan sentido a nuestras vidas en forma de satisfacción y felicidad(11).

– Sobre el derecho a auxilio, primero es necesario destacar que este conlleva a su vez un deber, el “deber de auxilio”, considerándose por tanto un derecho con acción reciproca.

Hablamos de “derecho a auxilio” como aquel que se refiere a la seguridad, socorro y protección del individuo. Es decir, en caso de encontrarse uno en una situación de necesidad o peligro(12) debe de disponer no solo de la oportunidad de recibir ayuda incondicional por parte de otros individuos, sino de la seguridad en ello. Obviamente tal y como hemos comentado, para poder disfrutar de este derecho es necesario también el compromiso de toda la sociedad a aplicar el deber de auxilio, lo cual supone que en caso de encontrarnos en una situación donde sea otro el que se encuentre en problemas hemos de hacer por este el máximo posible al alcance de nuestra mano por ayudarle.

Contrariamente, no son pocas las personas que suelen aludir a un supuesto “derecho de omisión” cuando las circunstancias que afectan negativamente a otro no se deben a procederes propios, y desplazando con ello a la elección personal el poder y querer ayudar. Lo que podríamos simplificar en un “si no hay responsabilidad, no hay deber”. Lo que estas personas eluden es que al no tomar acción estarían en realidad tomando una decisión, la de “no actuar”, y con ello estarían siendo responsables de “la suerte” del otro u otros. Esta inclinación ideológica es precisamente la que guía los procederes del liberalismo económico, en el que por ejemplo, cuando un país se encuentra en situaciones desfavorables ya sea por su propio proceder o por el de otros, no recibe nunca ayudas institucionalizadas desinteresadas por parte de terceros, sino más que las condicionadas (con intención de obtener algún beneficio a corto o largo plazo para el que “ayuda”). Cabe señalar, que bajo esta evasiva es donde se fecundan algunas de las mayores injusticias y atrocidades sociales que nos encontramos hoy en día entre los mismos humanos, así como serían la mano de obra o prostitución infantil, jornadas laborales inacabables, salarios ridículos, peligrosidad laboral o hambrunas entre muchas otras.

En definitiva, solo aplicando el deber de auxilio, podríamos asegurar la solidaridad mutua entre individuos y por ende, el derecho a ser auxiliado.

Destacamos por otro lado, que en una supuesta sociedad vegana, las necesidades e intereses de los animales salvajes también deberían de considerarse dentro del marco moral y legal de este “derecho a auxilio”. Pues desconsiderarlo evidenciaría una discriminación o actitud de condición especista, ya que estaríamos evadiendo nuestra responsabilidad moral a los mismos simplemente porque pertenecen a otra especie y se encuentran en un condición ajena a nuestras acciones. Además, el hecho de que no puedan entender los fines morales de intervención sobre sus quehaceres o su incapacidad para aplicar el “deber de auxilio” como excusa para justificar una omisión de auxilio sobre los mismos sería aludir a una falacia desmontada con el “argumento de la superposición de especies”:

“Podemos aceptar que aquellos que no tienen las susodichas capacidades y relaciones deben ser objeto de indiferencia o merecen menor consideración. Esto significa que los no humanos y muchos humanos no serán completamente respetados. O podemos rechazar esto, y argumentar que para ser completamente respetados uno simplemente necesita tener interés, esto es, es necesario solamente ser sintiente.”

Es decir, de la misma manera que en general nadie dudaría del deber moral de auxilio a un grupo de escaladores atrapados en una tormenta de nieve de un entorno salvaje como podría ser el Everest, aplicando el mismo principio, tampoco deberíamos de omitir el derecho a auxilio de cualquier otro animal no humano que pueda encontrarse en condiciones de parecida similitud. O de la misma manera que en general nadie dudaría en ayudar a un niño, a un anciano o a una persona humana con discapacidades cognitivas si lo necesitara, aunque ellos no fueran capaces de ayudarnos a nosotros en caso de que se intercambiaran los papeles, no rehusaríamos igualmente de nuestra responsabilidad en el asunto aludiendo a lo dicho, pues por lo mismo tampoco deberíamos de incurrir en dicho error en el caso de que el que necesitara ayuda fuese un animal salvaje.

A lo dicho, hemos de tener en cuenta que tratar de aplicar el derecho de auxilio en la vida salvaje será un procedimiento complejo que necesitaría ser dirigido y controlado prudentemente por algún tipo de comité ético que contara con el soporte técnico de diferentes expertos especializados en distintas ciencias como podrían ser la geografía, el ambientalismo, la física, la biología, la genética o/y similares, y en el que la precaución y la determinación deberían de ser la norma con tal de prevenir primero, cualquier tipo de perjuicio o consecuencia negativa que pudiera causar la intervención artificial (por parte de los humanos) en ese medio y sus individuos.

Igualmente, destacamos que este paradigma por ahora es únicamente teórico, pues solo podría y debería de ser considerado en esa supuesta sociedad vegana marcada por su naturaleza ética. Pero por ahora, siendo el antropocentrismo y su inherente especismo junto a la motivación económica del capitalismo, la pauta que marca el proceder de la humanidad, nuestro compromiso con los no humanos debería de focalizarse primeramente en tratar de poner fin y evitar el sometimiento y la explotación egoísta de los mismos por parte de nuestro proceder como especie dominante.

Y volviendo a la base del asunto, el derecho/deber a/de auxilio sería ese último interés a considerar con tal de poder garantizar los derechos naturales de todo individuo.


Con intención de ir concluyendo, debemos de entender que hasta ahora entre los animales no humanos, únicamente aquellos considerados “animales de compañía” o “mascotas” o algunos animales salvajes disfrutan de una mínima protección legal, pero en ninguno de ambos casos es por considerarse moral y legalmente el propio valor intrínseco de esos individuos. En el primer caso es debido a su “estatus de propiedad” como pertenencias sentimentales a algún humano, y en el segundo por encontrarse su especie en peligro de extinción (cuando el número de individuos de su especie es tan limitado que no es posible garantizar la reproducción de los mismos) o por resultar significativo (ya sea biológica o visualmente) en el ecosistema en el cual sobrevive.

A lo dicho, cierto es que los animales no humanos no pueden ser “agentes morales” (no son moralmente responsables de sus propias acciones), lo cual no implica que no puedan disfrutar de un marco legal que los respete según lo que ellos mismos son; pacientes morales (sujetos con intereses a los que el “agente moral” ha de tener en consideración cuando realiza sus propias acciones). A lo mismo añadimos, que independientemente de no ser agentes morales, sus acciones pueden ser o no, moralmente correctas o incorrectas(13).

En cambio, con todos los puntos mencioandos anteriormente estaríamos valorando a los individuos no humanos desde una óptica completamente opuesta a la actual, pues los animales no humanos ya no se considerarían meros recursos con intereses ligados a la utilidad que el ser humano considere apropiada (antropocentrismo), sino que estaríamos considerando sus intereses de manera objetiva en dependencia al propio valor intrínseco del sujeto (sensocentrismo). Con ello, la prohibición de la explotación animal debería ser el primer paso a dar.

Tal y como indica el profesor de derecho Gary Francione y supuesto activista(14) por los derechos de los animales:

“La prohibición debería presentarse como un reconocimiento de que los animales no humanos poseen intereses que deben ser respetados y un valor ajeno al beneficio que obtienen los humanos.”

Con todo lo expuesto, damos por finalizado lo que consideramos que deberían de ser puntos imprescindibles a considerar dentro del marco legal de una supuesta sociedad ética (vegana), en su intención por garantizar las necesidades e intereses de todo individuo sin discriminación alguna.

Derechos Naturales

“El derecho natural es aquello que es dado a cada ser vivo y que no es propio al ser humano”

Justiniano En “El Corpus iuris civilis


(1) Durante la larga historia de la humanidad, en dependencia de la localización y el periodo temporal, los derechos se han ido reconociendo y negando constantemente, no siendo hasta finalizar la Segunda Guerra Mundial que finalmente se reconocieron mundialmente para todo ser humano (aunque ciertamente sigan sin aplicarse en gran medida).

(2) Anteponiéndonos a la palabra creación por tener esta una connotación religiosa, o vida, por ser demasiado concisa teniendo en cuenta exclusivamente la realidad biológica que conocemos en la tierra, preferimos hacer uso del termino existencia como concepto más objetivo y conexo a todo lo que hay o es el universo en su conjunto.

(3) Referente a “ecosensocentrismo”, que definido de manera concisa sería una ampliación técnica del sensocentrismo, sumándole a la misma de manera secundaria, la también necesidad de entender y conservar la vida biológica desde una perspectiva holista tan propia de la concepción ecocentrista (que por sí sola carece de sentido), en favor de los individuos. En este articulo nos referimos a ella.

(4) “Ética basada en la realidad” de http://www.respuestasveganas.org

(5) Cuando los intereses de diferentes individuos se topan siendo antagónicos entre ellos. Es decir, uno o ambos de esos intereses van en contra del otro.

(6) Por ejemplo, sujeto o grupo reducido de sujetos que por la razón o razones que sean, vivan muy apartado de toda civilización y que por ende solo puedan disponer del sustento básico necesario para sobrevivir de lo que adquieren a través del trabajo de una propiedad. Aunque no por ello puedan eludir la responsabilidad consecuente del “deber de auxilio” en caso de que otro individuo ajeno a los procederes de su trabajo y pertenencias, pueda necesitar hacer uso de ellas al necesitar auxilio.

(7) Pudieran por ejemplo ser objetos sentimentales con un valor de higiene o sustento trascendental.

(8) Aunque un animal no humano no pueda entender que supone la propiedad no implica que no deba ni pueda disfrutar de la misma.

(9) Si nos atenemos a una perspectiva objetiva, la herencia es arbitraria y consecuentemente solo aporta desigualdad e injusticias. En un fututo artículo tenemos pendiente hablar concretamente sobre este tema.

(10) Cabe destacar que incluso entre los individuos de una misma especie, en este caso la humana, también puede cambiar esa necesidad o magnitud en cuanto a la necesidad de libertad. Pues es necesario tener en cuenta que cada individuo es único y diferente, y consecuentemente nuestros objetivos o intereses también lo son, pudiendo ser estos parecidos pero no completamente iguales.

(11) Cabe destacar que aunque son preferibles las experiencias positivas por ser en su esencia siempre satisfactorias, las experiencias negativas, si son superadas también pueden traer un posterior estado de complacencia transformándose las mismas en experiencias satisfactorias. Tema que tratamos en esta entrada.

(12) Ya sea porque los intereses básicos del individuo (salud/vida) o algún otro de sus derechos secundarios estén siendo vulnerados.

(13) Por ejemplo, el hecho de que un tigre mate a otro individuo, aunque el tigre no sea un agente moral (responsable de sus propios actos), no implica que su acción de matar sea moralmente aceptable.

(14) “Supuesto” debido a que la actitud de Francione es como mínimo sospechosa. En esta entrada hablamos sobre ello.

  • Gerardo

    Muy buen ensayo, e interesante sobretodo la parte relacionada con la posible intervención en la naturaleza. Gracias