Falacias ( I ) La cadena alimenticia

No son pocas las veces que algunas personas aluden al fenómeno ecológico conocido como “cadena alimenticia”, o mejor llamado cadena trófica, para justificar el actual y descomunal consumo de animales llevado a cabo por parte de la especie humana. Con ello lo que tratan de expresar es que existe un imperativo natural (falacia naturalista)(1) y por ende, moral, que nos obliga a los seres humanos a imitar ese mismo patrón de comportamiento de comer animales. Pero aún y advirtiendo la falsedad de este razonamiento, que ya es por sí mismo más que suficiente para desacreditarlo, estas personas parecen evitar reparar en algunos aspectos de su “argumento” merecidamente tener en cuenta a continuación.

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Eufemismos ( I ) Sacrificar y asesinar

Según la RAE el término asesinar(1) solo puede utilizarse cuando nos referimos al acto deliberado de matar en contra de su voluntad a otros seres humanos. Contrariamente dicta que cuando nos referimos a matar (también en contra de su voluntad) a los animales no-humanos, hay que hablar de “sacrificar”. Claramente no hay que estar muy despierto para entrever tan notable parcialidad en el uso de ambos conceptos dependientemente de quién sea la victima.

La realidad es que las palabras no son más que una proyección lingüistica (el idioma) de la moral de la sociedad que las utiliza. Y teniendo presente que vivimos y hemos sido criados en una sociedad donde el ser humano suele considerase el centro del universo y con consecuente derecho legítimo, o incluso divino, a hacer lo que le plazca con el planeta y el resto de sus habitantes (los animales no-humanos), esta realidad no es distinta. Esta manera desacertada de concebir la realidad se conoce como antropocentrismo, y deberse a ella normalmente le lleva a uno a cometer o participar en la discriminación arbitraria conocido como especismo (análoga al sexismo o el racismo pero en cuestión a la especie). Es lógico pues, que las reglas de nuestro lenguaje también se deban a esta manera inicua y conveniente de entender el mundo y que por ende, cuando la situación lo requiera, se haga uso de eufemismos.

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¿Por qué el Veganismo no es una decisión personal?

“Con objetivo de facilitar una posible respuesta concisa y clara a ese lector que pudiera servirle de ayuda. Comparto esta mini entrada que con intención de no extendiéndome demasiado refutar uno de los pretextos con el que los veganos muchísimas veces nos encontramos: La supuesta decisión personal en torno al Veganismo.”

Si no lo vemos claro empecemos por cambiar la palabra “Veganismo” por “no consumir animales”*, que justamente eso es lo que viene a significar en términos generales. Ahora tratemos de razonar dejando a un lado todos nuestros prejuicios y pensemos ¿Qué son los anímales? ¿Son cosas? No ¿Verdad?

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El insaciable consumismo y su relación con la comida

Atrapados en una sociedad que nos incita a producir y comprar de manera irreflexiva, innecesaria e incluso perjudicial, hemos quedado emocional e intelectualmente anclados en la superficialidad y la decadencia moral. Sin ser capaces de advertir de que el acto más revolucionario contra ese consumismo se haya en algo tan básico como son nuestros platos.

Suena el despertador a las 7 de la mañana y nos levantamos con el objetivo de ir al trabajo, donde invertiremos más de 9 horas entre trayectos, comidas y faena haciendo algo que seguramente ni siquiera nos gusta ni nos interesa, repitiéndolo así durante al menos cinco días a la semana. Y cuando llegamos a casa después de esa agotadora jornada laboral nos sentimos reventados, pero no podemos olvidar de que en ella también hay faena que realizar. Así que al final del día el tiempo que nos queda para disfrutar haciendo lo que nos gusta es bastante escaso, por no decir efímero, y suele reducirse a ver un rato la tele, a ejercer la navegación fantasma por internet, a tomar una cerveza con algún amigo fuera y poco más. Los más sacrificados quizás invertirán parte de ese escaso tiempo libre que les queda para hacer algo productivo, como practicar deporte o algún otro tipo de actividad personalmente beneficiosa, pero no por ello divertida.

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Redefinición de “Los Derechos Naturales”

Cabe destacar que este texto se basa en la teorización de lo que considera el autor que son y deberían de basarse y deberse unos derechos naturales imparciales y deseados para todo individuo, los cuales a su vez pudieran servir de guía para aplicarse y concretarse en el marco legal de una supuesta sociedad justa.

Si bien el concepto de “derechos naturales” tal y como lo conocemos hoy en día ha sido consecuencia de una larga historia de acontecimientos desde que Ciro II el grande, rey de Persia y al que podríamos considerar pionero en declarar los mismos, tras conquistar Babilonia a mediados del siglo VI a.c. liberó a los esclavos reivindicando públicamente por primera vez en la historia que todo hombre era dueño de su propia vida, y pasando desde aquel entonces por diferentes capítulos de “quita y pon”(1). No fue hasta el año 1789 en Francia cuando a causa de una serie de revoluciones (revolución francesa) contra el absolutismo reinante de aquel entonces

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Ni solidaridad ni compasión, solo el deber traerá justicia

Antes de comenzar con la siguiente lectura, se considera importante alertar al lector de que ésta es una reflexión subjetiva del autor, y por tanto es consciente de que la misma está totalmente abierta a debate. Pues también es consciente de que la connotación o sentido de según que conceptos (en este caso compasión y solidaridad), puede estar ligada a apreciaciones personales o diferir en según los contextos en que son utilizados. Aun y lo dicho, se tratará de ser lo más imparcial posible respecto al tema que tratamos.

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Sobre el falso ecologismo ( II )

Antes de dar comienzo, es importante señalar que en la primera parte de la lectura que sigue a continuación, nos hemos limitado principalmente ha señalar ese problema de base, del que muchas veces sin ser consientes de ello, se encuentran anclados los distintos movimientos ecologistas actuales, o aquí llamados “falsos ecologismos”. En resumidas cuentas ese problema de base reside en que la concepción antropocentrista, que envenena cualquier intento de ese movimiento por comprender objetivamente la realidad natural existente en la que el ser humano se halla y a su vez condiciona sus actividades a interactuar en ella o tratar de resolver problemas siempre en beneficio de los intereses particulares de nuestra especie, pero sin permitirle darse cuenta de que el resultado final acaba siempre siendo el contrario al deseado (pues también nos perjudica).

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Sobre el falso ecologismo ( I )

Entendemos por ecologismo ese movimiento social que supuestamente pretende proteger el medio ambiente, salvaguardar la naturaleza y protegerla principalmente de las actividades del ser humano para asegurar la supervivencia de las distintas especies de fauna y flora existentes en los distintos ecosistemas alrededor del mundo.

Para ello, a través de diferentes estructuras político-sociales, principalmente desde ministerios estatales u organizaciones no gubernamentales (ONGS), se trata de proteger el medio ambiente mediante la aplicación o petición de leyes y medidas que ayuden en lo dicho. En ocasiones se llegan incluso a desarrollar espacios protegidos bajo regulaciones especiales con políticas de control y prevención del número de viandantes.

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El mito de la superpoblación ( II )

Este escrito es una continuación de este otro, es por ello, que para que el lector pueda situarse en el contexto del siguiente, se recomienda leer antes su primera parte.

Con todo lo expuesto en el anterior articulo, hemos concluido que el verdadero problema no reside en una superpoblación de humanos, sino en los dañinos hábitos alimentarios de ésta, que derivan directamente de una superpoblación de animales criados explícitamente para consumo humano. Con ello, no cabe duda de que la necesidad de la humanidad por dejar de comer animales ya no es sólo una cuestión moral o de principios éticos teniendo en cuenta el nivel de menosprecio y violencia que ejercemos diariamente contra ellos simplemente para complacer nuestro apetito (entre otros asuntos), sino que además, ahora ya se ha convertido en una cuestión de supervivencia, no solo para la humanidad, sino para todo tipo de vida en el planeta. Y es que en definitiva, el seguir manteniendo este tipo de sociedad mundial cegada por su adicción a comer animales (sociedad carnista) es un despilfarro de recursos totalmente insostenible.

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El mito de la superpoblación ( Ι )

¿Cuantas veces habremos oído cosas del tipo “cada vez somos más humanos y no podremos alimentarlos a todos”, “el planeta pronto sufrirá algún tipo de catástrofe natural a causa del número tan extendido de humanos”, “Nos vamos a quedar sin recursos, pues cada vez nacen más y más humanos y además de manera más rápida” o comentarios similares?

Si bien es cierto que a dichas frases en parte no les falta razón, convendría que antes de concluir en sentencias tan alarmantes y apresuradas a partir de datos tan amplios como los que nos muestra la evolución de la población humana (véase gráfica relacionada un poco más abajo), analizáramos también los factores que los desencadenan. Pues es totalmente cierto, que durante el último par de siglos el crecimiento de la población humana ha aumentado notablemente año tras año. Tanto es así, que en ese tiempo hemos multiplicado su cifra por siete. Pero también es cierto, que detrás de estos datos existe otra realidad de la que no se suele hablar, y que por ello hoy trataremos aquí.

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Halago a los osados

Este escrito es en honor a los asistentes a la manifestación del pasado 15 de Agosto en Barcelona “Por el cierre de los mataderos”.

Los tiempos están cambiando, y cada vez somos más los que no solo hemos decidido dejar de ser partícipes de la opresión más brutal, larga, grande y extendida sobre la faz de la tierra, sino que además hemos decido poner nuestro empeño en dar nuestra voz a aquellos, que siendo las víctimas de dicha masacre, no pueden hablar ni defenderse por sí mismos, los animales no-humanos.

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La trampa del capital

“Destacamos que aunque esta lectura puede leerse independientemente, es en su esencia una continuidad del anterior árticuloLa pérdida de la individualidad moral en la toma de decisiones””

Vivimos en una sociedad basada explícitamente en producir y consumir, una sociedad que se vale a la economía como si esta fuera una ecuación matemática irrefutable e inexorable a nuestro destino y a las leyes de la naturaleza. Se nos ha hecho creer que para “progresar” es necesaria la competencia, y que el bienestar de la sociedad surge a partir de ésta. De una competencia que necesariamente ha de deberse a las exigencias de un mercado que en constante e inevitable proceso de inflación, curiosamente cuando ya no es capaz de sostenerse más por si mismo, son los mismos peones que lo preservan con su trabajo y expensas quienes también han de sacrificarse con medidas de “austeridad”. Que todo sea por el bien de la economía…

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