Ni solidaridad ni compasión, solo el deber traerá justicia

Antes de comenzar con la siguiente lectura, se considera importante alertar al lector de que ésta es una reflexión subjetiva del autor, y por tanto es consciente de que la misma está totalmente abierta a debate. Pues también es consciente de que la connotación o sentido de según que conceptos (en este caso compasión y solidaridad), puede estar ligada a apreciaciones personales o diferir en según los contextos en que son utilizados. Aun y lo dicho, se tratará de ser lo más imparcial posible respecto al tema que tratamos.


He de confesar de que cada vez que escucho los vocablos “solidaridad” o “compasión” para referirnos al hecho de dejar de ser partícipes de la explotación de los animales no humanos me chirrían los oídos. Y quizás pueda equivocarme, no lo dudo, pues a sabiendas de que ambas palabras suelen resultar de gran benevolencia a oídos del público, a parecer personal, percibo de manera inevitable una connotación de opcionalidad o favoritismo en el carácter de ambas.

Principalmente en función de insinuación intencional y sutil a una supuesta elección personal del contrario (ser vegano) por quien prefiere eludir su responsabilidad y la reflexión del asunto; “eres una persona muy solidaria (o compasiva), te admiro”; o por el contrario, denoto también un correctivismo político de pedantería emocional por parte de quien se las atribuye a su persona; “la solidaridad y la compasión son mi motivación”.

Con tal de explicarme algo mejor, y tratando de no limitarme a la tan característica definición concisa de diccionario o a meras apreciaciones personales, sino a la que considero que es su aplicación verbal normalizada. Primero realizaré brevemente una introspección a mi entendimiento sobre ambos conceptos (que diría que no es exclusivamente mío), para luego adecuar el uso de los mismos al contexto existente en cuanto a la situación en la que se encuentran los animales del resto de especies a manos de la nuestra propia; la del ser humano.

Mientras que por solidaridad apuntaría a que generalmente nos referimos al hecho o a la conducta de ayudar al prójimo por razones desinteresadas, por compasión diría que concebimos su significado en referencia a la capacidad de sentir pena por alguien, y un consecuente deseo por acabar con su sufrimiento. Opino pues, que ambos conceptos simplifican demasiado la manera en como hemos de enfrentarnos a la extrema situación de indefensión en la que se encuentran los no-humanos y la verdadera naturaleza del porqué hemos de dejar de ser partícipes de ella.

En resultado, si la solidaridad se efectúa por razones desinteresadas considero que esta se convierte en una opción personal y no en un deber u obligación ¿Es por tanto, una opción personal el dejar de ser partícipes de la esclavitud y explotación de otros individuos? ¿Podríamos seguir hablando de solidaridad si algún día conseguimos implantar leyes que nos obliguen a ello? ¿Sería “ser solidario” el establecer un derecho universal sobre todo individuo a que se respeten sus intereses intrínsecos e individuales? ¿Es el deber en sí mismo un acto solidario? Teniendo en cuenta principalmente, que el desfavorable escenario en el que se encuentran sometidos los animales no humanos, ya sea esclavizados y explotados bajo la mano de nuestra propia especie para cubrir una largar lista de egoístas e innecesarios intereses (alimentación, vestimenta, entretenimiento, experimentación, etc), o viviendo en semilibertad¹ en supuestos espacios salvajes, no se debe a su propio albedrío, sino a nuestro directo y arbitrario proceder como especie dominante en el planeta, respondería un NO contundente a todas esas preguntas. Pues creo que es necesario empezar a entender que considerar moral y legalmente a los animales no humanos no debería verse como un acto de solidaridad² bondadoso o “buen rollista”, sino como una obligación moral incuestionable, que además por su carácter interseccionalista no nos resulta tan desinteresada…

Algo parecido ocurre con compasión de manera incluso más apabullante, pues diría que en una frase tan común como “No quiero que me compadezcas” podemos perfectamente atisbar como, al menos en occidente, el compadecerse de alguien puede resultar incluso ofensivo. Esto evidencia que en el uso de dicho concepto existe sin duda alguna una relación jerárquica y arbitraria entre el que compadece y el que es compadecido. Y si ante lo dicho, tenemos además en cuenta como en las distintas sociedades humanas alrededor del mundo las formaciones jerárquicas entre individuos o grupos de individuos son y siempre han sido frecuentes, la esencia del término compasión, parece indiscutiblemente ser fruto de esos mismos prejuicios basados en la jerarquía.

Por otro lado, ateniéndonos a la realidad global actual, de como la presente sociedad capitalista está claramente basada en la explotación, la violencia, el fanatismo y el crimen organizado, siendo todos ellos legales e incluso moralmente aceptados ¿De verdad pensamos que una quimérica compasión va a poder dar un giro a toda esta larga cadena de injusticias? Diría que la historia precisamente demuestra lo contrario, como la compasión por si sola no es más que un placebo mental del individuo temeroso, en su obstinación por tratar de creer que todo el mundo tiene un lado bueno y que por tanto está dispuesto a cambiar por sí mismo ¿Se han ganado los derechos que hoy disfrutamos los individuos de nuestra especie gracias a la compasión de los opresores? ¿Acaso no lucharon los negros³ para conseguir su emancipación? ¿Acaso rogaban la compasión del hombre blanco para conseguir que se aprobaran sus derechos? ¿Acaso las mujeres imploraban la compasión de los varones para obtener lo mismo? ¿O los homosexuales la compasión del heterosexual para que se respetara su libertad sexual? Yo diría que no, que lo que todos esos anteriores grupos de oprimidos necesitaban, proclamaban o pedían, no era compasión o que se les “hiciera un favor” mejorando sus condiciones, sino justicia.

Y en definitiva, ateniéndonos a que los animales no humanos no se encuentran sometidos u oprimidos por sus propias acciones o razones, sino por las nuestras, estos tampoco necesitan nuestra solidaridad o compasión, lo que necesitan es nuestro compromiso y lealtad a los valores e ideales de justicia que también nos gusta proclamar para nosotros mismos. Es decir, que seamos justos y que apliquemos nuestro deber ético u obligación moral para dejar de ser sus opresores y de devolverles su derecho natural a la libertad mediante la aprobación moral y legal de considerar su individualidad.

compasión

No nacieron para ser esclavos, sino libres. Y devolverles su libertad no es hacerles un favor, sino aplicar justicia.


¹ Hablamos de “semi” libertad, porque hasta los animales que consideramos salvajes se encuentran constantemente afligidos por las acciones humanas ya sea directamente mediante la caza, cercados, caminos, etc. o indirectamente debido a la construcción de presas, residuos contaminantes, contaminación acústica, etc.

² Cabe destacar que aunque la aprobación y aplicación de un derecho puede haber sido motivada por un acto de solidaridad, no supone que ese mismo derecho obtenido, sea en sí mismo un “derecho solidario”.

³ Muchísimas personas, debido a la connotación racista con la que se ha aplicado la palabra “negro” a lo largo de la historia reciente de la humanidad sobre los individuos humanos de ascendencia africana, prefieren hacer uso de otros términos como “persona de color”, “africano” o “afroamericano”. Pero entendiendo superados dichos prejuicios, en este blog consideramos que es más efectivo y útil hacer uso del término “negro” por su simpleza, de la misma manera que hacemos uso del término “blanco” para referirnos a los individuos humanos de ascendencia caucásica, y no eufemismos análogos a los anteriores como podrían ser “persona sin color”, “de tez pálida” o “de ascendencia europea”