Mel Capitán, víctima y verdugo del especismo

¿Como es posible que una chica joven, guapa, popular y que decía ser tan feliz y estar tan encantada con lo que hacía (la caza) de repente se pegue ella misma un tiro? ¿No será que quizás no era tan feliz? ¿Como puede ser que amando tanto a los perros, y en especial a su perro, en cambio no pareciera importarle lo más mínimo los animales que ella misma mataba? ¿No será que en realidad se veía empujada a mostrar una felicidad superficial que no sentía por presión del entorno en el que se encontraba?

Mel Capitán junto a su amigo canino

Estas son algunas de las preguntas que me vienen a la cabeza ante el tan emblemático suicidio de Melanie Capitán que parece haber despertado una guerra ardiente entre animalistas y cazadores, hasta el punto que los segundos culpan a los primeros de ese suicidio y están preparando una próxima marcha para repudiar y criminalizar a todo sector defensor de los intereses/derechos de los animales usando a la chica como mero mártir de sus propósitos. Aún y a pesar de que, personas cercanas a ella ya han dejado claro que su suicidio se debió “por problemas personales, no por los insultos que recibía en las redes sociales”.

Ahora, si tratamos de ser un tanto objetivos ante los hechos y atender a que esta chica había sido criada en un entorno de cazadores (personas cuya afición supone salir a matar animales salvajes), en el que desde pequeña se le había enseñado a hacer lo que ningún niño debería soportar de aprender; disparar a matar y no pensar en sus víctimas; creo que podemos intuir la verdadera razón de su suicidio. Y a esto es a lo que personalmente me arriesgaré, a tratar de intuir esa verdadera razón.

Y es que la que se hacía llamar “Mel Capitán” simplemente hacía lo que le habían enseñado, y además parece ser que lo hacía muy bien. Tanto es así que incluso se había ganado todo un séquito de fans y seguidores que alababan cada y uno de sus logros como cazadora. Y hasta aquí todo marchaba bien… Pero entonces, algo cambió cuando un día decidió abrir su propia página de facebook donde subía fotos de todo tipo, y como no, algunas con sus “victorias” en las que posaba ella misma junto a los cadáveres de los animales a los que con su fusil de largo alcance había robado la vida minutos antes.

Foto de una de sus cacerias junto a un compañero

Y ahí es precisamente donde ya no solo encontró a gente que le seguía aplaudiendo y venerando sus triunfos con olor a muerte, sino que también se encontró con lo que jamás se habría encontrado antes en ese entorno de decadencia intelectual, estancamiento tradicional y mediocridad moral tan característico del mundo ganadero-cazador en el que se había criado. Sorprendentemente se encontró con grupos de gente que le recriminaba abiertamente y sin tapujos lo que hacía, y si bien es cierto que también hubieron insultos y amenazas que en ningún caso trataré de defender, también hubieron comentarios que simplemente se limitaban a recordarle que esos animales a los que mataba sentían tanto como su tan querido perro, e incluso igual que cualquier persona humana. Que matar a alguien era incomparable con amarlo, y que cada vez que pegaba un tiro a un ciervo, un jabalí o u conejo no estaba únicamente provocando un enorme mal a ese individuo, sino que además posiblemente también estaba condenando a las crías del mismo a morir sufriendo por inanición mientras que esperaban la nunca llegada de su madre. Que si realmente le gustaban los animales ¿que otra cosa más bonita podía hacer que permitirles seguir viviendo? Que si tanto los amaba y disfrutaba saliendo a buscarlos ¿por qué no cambiar el rifle por una cámara de fotos?… ¿Acaso eso sería reprocharle?

Lo que está claro es que si Mel Capitán hubiera sido una psicópata más entre ese montón de sádicos que suelen frecuentar el mundillo de la caza y en el que anteponen su mero placer personal-efímero por matar al interés de sus víctimas por vivir, o que incluso ahorcan a sus perros cuando son demasiado viejos, Mel hubiera sabido perfectamente encajar dichas críticas. Pero todos ya sabemos que esto no fue así…

Y aquí es donde podemos afirmar que mienten o se equivocan esos cazadores cuando afirman que son los animalistas quienes la han incitado al suicidio, pues si bien es cierto que pudo haber un antes y un después con sus comentarios en las redes sociales, estos tan solo fueron el detonante que quebró esa fuerte disonancia cognitiva que Mel Capitán padecía al igual que tantos otros, y con la que se había visto obligada a convivir toda su vida. Esa ducha de verdades a la que se vio sometida es la que finalmente la hizo ser consciente de que sus sentimientos de amor hacía los animales y sus acciones en/por acabar con sus vidas eran lógicamente incompatibles e irracionales.

Pero claro que, tantos años disparando y matando, tantos años pensando que había algo digno e importante en arrebatar la vida a quienes amaba aunque en el fondo pudiera saberle mal, y que de repente ahora todo su mundo, sus aspiraciones y sus creencias se derrumbaban de la noche a la mañana dándose cuenta de que la imponente y popular figura que se había curtido alrededor de su persona en realidad no concordaba con sus verdaderos sentimientos, sino con una mentira ¿cómo podía ahora ella sola enfrentarse a su propio mundo? ¿cómo podía decirle a su propia familia, amigos o a la gente que la admiraba por ser la prestigiosa cazadora en que se había convertido, que había estado todo este tiempo equivocada y que no deseaba seguir matando animales nunca más?

Diría que ante su suicidio, resulta obvio que Mel Capitán finalmente advirtió que lo que llevaba toda su vida haciendo no era realmente el fruto de su verdadera pasión, y aún menos algo por lo que querría seguir siendo querida y recordada, sino meramente fruto del adoctrinamiento antropocentrista/especista al que todos estamos sometidos desde que somos niños. Solo que a diferencia de la gran mayoría, Mel Capitán debido al entorno en el que nació y se formó, tomó parte de acciones más directas, evidentes y claras en el daño que causamos a los animales no humanos. Pues ella en lugar de pagar para consumir cuerpos de animales ya asesinados y convertidos en productos, aprendió a matarlos por sí misma.

Millones de animales son asesinados cada día sin ni siquiera haber conocido la libertad.

En definitiva, convendría entender y recordar por el bien de todos, que lo que hizo a esta chica convertirse en una potencial verdugo de animales, es precisamente la misma razón que instiga a la gran mayoría a ser potenciales consumidores insensibles de animales, ser a su vez víctima/producto de la propia cultura violenta que la envolvió y que la indujo a convertirse en lo que el resto de su gente esperaba que ella fuera. Una cultura rancia, despiadada y arbitraria que hemos legitimado a través de la desconsideración moral que sufren a diario y a causa de nuestros actos, el resto de animales sintientes. Y que es el arrepentimiento, y no otra cosa, lo que finalmente llevó a Mel Capitán a quitarse está vez su propia vida.

Desde aquí mis condolencias por Mel Capitán, pero también por aquellos que cayeron tras el estruendo de su gatillo. Víctimas todos del especismo. Que en paz descansen.