Lo más duro de ser vegano

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Lo más duro de ser vegano no es dejar de comer carne, queso, miel, huevos o beber leche, pues siempre se pueden encontrar opciones vegetarianas que substituyan a dichos “alimentos” que han sido habituales en nuestro día a día. Solo se trata de investigar un poco y habituarse a lo nuevo.

Lo más difícil tampoco es buscar restaurantes u opciones vegetarianas cuando uno sale a la calle a buscar donde comer, pues acabas conociendo las opciones que están a tu alcance, y en el caso que no quede otra, siempre puedes llevarte contigo comida de casa, más barata y seguro que más deliciosa.

Tampoco lo es el mantenerse en un buen estado de salud física y mental, más cuando son la ingesta de productos de origen animal la principal causa de infartos, colesterol, arteriosclerosis, osteoporosis, obesidad, canceres, etc. Y es que todavía no oí que alguien sufriera de lo dicho por alimentarse de frutas, frutos secos, verduras, legumbres, cereales, setas o incluso algas.

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Tampoco lo es el dejar de comprar ropa hecha con pieles arrancadas de animales, pues las opciones éticas con las que vestir sin tener que matar a nadie en el proceso son cada vez más numerosas y reconocidas. Incluso disponemos de “imitaciones” de mejor aspecto que las convencionales fundamentadas en la opresión de otros.

Tampoco lo es el dejar de ir a visitar cárceles de animales (o su eufemismo zoológicos), pues siempre te quedan las expediciones en la verdadera naturaleza, donde encontrarse y poder observar a un animal salvaje viviendo en su propio hábitat es una experiencia irremplazable, y en el caso de preferir quedarse uno en casa siempre disponemos de infinidad de documentales sobre la naturaleza y su vida salvaje.

En realidad, lo más difícil de ser vegano, es el enfrentarte a la cara oculta de nuestra sociedad, el darte cuenta de que la hipocresía, la corrupción, el egoísmo o la indiferencia no forman parte únicamente de esas élites políticas o financieras que nos subyugan a través del mercado capitalista y sus ilegítimos gobiernos. Sino de que toda la corrupción existente se encuentra firmemente impregnada en nuestros valores sociales, hábitos, rutinas y costumbres, el darse cuenta de que si este repugnante sistema basado en la depredación funciona es porque nosotros mismos, por mucho que lloriqueemos o nos quejemos, estamos también fomentándolo al no cuestionarnos los hábitos que nos han sido inculcados por el mismo.

Y el verdadero problema está en el no querer ver y aceptar, que existen otros seres sintientes en todavía mucha peor situación que la nuestra. Así pues, la liberación ha de ser total, o no habrá tampoco, liberación entre los humanos. En un pasado fuimos capaces de superar el racismo y el sexismo (obviamente aun existen casos de ello, pero en general aislados), pero ahora ya ha llegado el momento de que también superemos la base de toda arbitrariedad propagada en nuestras antropocéntricas y egocéntricas culturas, el especismo.

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Y el secreto para ello, no es otro que el empezar por uno mismo, dejar de pensar con la cabeza de los demás y tomar las decisiones en función de los sentimientos que tiene uno y no lo que siempre nos han dicho. Cuestionarse TODO y preguntarte objetivamente ¿Es justo lo que hago y consumo?

Pues si hay algo en lo que toda cultura en el mundo siempre ha estado de acuerdo, es que, somos lo que comemos.

  • Montse Dom

    Me encanto la reflexion! Totalmente de acuerdo!

    • Karlos Artagnan

      Muchas gracias por tu comentario Montse ¡Me alegra que te gustara!