La trampa del capital

“Destacamos que aunque esta lectura puede leerse independientemente, es en su esencia una continuidad del anterior árticuloLa pérdida de la individualidad moral en la toma de decisiones””


Vivimos en una sociedad basada explícitamente en producir y consumir, una sociedad que se vale a la economía como si esta fuera una ecuación matemática irrefutable e inexorable a nuestro destino y a las leyes de la naturaleza. Se nos ha hecho creer que para “progresar” es necesaria la competencia, y que el bienestar de la sociedad surge a partir de ésta. De una competencia que necesariamente ha de deberse a las exigencias de un mercado que en constante e inevitable proceso de inflación, curiosamente cuando ya no es capaz de sostenerse más por si mismo, son los mismos peones que lo preservan con su trabajo y expensas quienes también han de sacrificarse con medidas de “austeridad”. Que todo sea por el bien de la economía…

Omitiendo las revoluciones y los movimientos sociales, las instituciones de tipo religiosas y los estados, que normalmente han sido las que han marcado el destino de las diferentes naciones, han perdido gran parte del poder hegemónico que gozaron en un no tan lejano pasado para transferirlo a esas “personas” jurídicas conocidas como bancos o corporaciones, y que no representan a nadie, más que así mismas. Personas que sin ser nadie en concreto ni estar en un único y localizado lugar disfrutan de unas ventajas y un poder ilimitado que las han convertido en los nuevos amos del mundo.

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La globalización del mercado único a lo largo y ancho de todo el globo ha permito a las corporaciones imponer sus exigencias fácilmente en cualquier lugar, ya sea chantajeando a gobiernos íntegros o tentando a esos corruptos, así es como las privatizaciones de servicios y bienes esenciales, la contaminación y destrucción irreparable del medio ambiente, la explotación de mano de obra barata y la despersonalización/inanimación y comercialización de los individuos de otras especies se han maximizado potencialmente para formar parte del actual paradigma mundial fomentado por el capitalismo y los grandes propietarios del mismo.

El adoctrinamiento propagandístico a través de los medios de desinformación, contralados principalmente por las mismas corporaciones que mencionamos, nos bombardean continuamente con publicidad engañosa e ilusoria para crearnos falsas necesidades y hacernos comprar cosas que no necesitamos, fecundando con ello la falsa idea en nuestros subconscientes de que si queremos encontrar la felicidad necesitamos adquirir y consumir. Curiosamente, la complacencia que nos puedan proporcionar dichas adquisiciones suele ser más bien efímeras e insatisfactorias. Y aunque la sensación de elección parece ser considerable, en realidad no es más que una ilusión para mantenernos esclavos de la superficialidad y del materialismo que amenaza a la supervivencia del planeta y todas sus formas de vida, en favor solo de los intereses egoístas y momentáneos de esa minoría sin escrúpulos que se han asentado en la cúspide de las arbitrariedades.

Falsa sensación de elección y competencia para el consumidor, por parte del oligopolio mundial

El adoctrinamiento es efectivo, y no acabamos de darnos cuenta de que lo que nos causa felicidad no son las posesiones, sino las experiencias. Y es por ello que como bien dice el dicho; “No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.” Y aquí es donde debería entrar en el juego del capitalismo para poner en jaque al mismo, el Veganismo. Una filosofía basada en la humildad, el respeto y en la comprensión de la existencia según la capacidad de tener experiencias, una concepción totalmente contraria a la de los dogmas establecidos por la megalomanía del antropocentrismo.

Diríase que aquellos de nosotros que hemos logrado dar este significativo paso en nuestras vidas, hemos sufrido un desbloqueo cognitivo sustancial, y consecuentemente hemos conseguido entrar en una nueva etapa de madurez emocional e intelectual más independiente de prejuicios o ideas preconcebidas. Dicho efecto parece encontrarse en una etapa de expansión sobre la sociedad, y aunque todavía no es lo suficientemente grande como para considerarlo definitivamente el brote imparable de una nueva etapa sociocultural basada en el entendimiento de unidad, su rápida propagación y advertible transformación radical en la actitud y el pensar del individuo hace temblar a los amos del capital.

Este poder ejercido por el Veganismo contra el sistema, reside ni más ni menos que en su principal instrumento de ataque, el boicot ético de manera permanente. Un instrumento que no ataca a las ramas, sino a la raíz de los atropellos que sostienen la opresión y la desigualdad, el consumo. Y es que sin consumo, el poder de las corporaciones se disipa para reactivar por el contrario, el poder del consumidor.

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El poder del consumidor: El boicot

Pero el sistema también dispone de sus propios componentes de defensa, y aquí emerge la trampa del capital, ni más ni menos que un mecanismo automático de supervivencia que, volviendo a acudir a refranes, se basa en “Si no puedes contra tu enemigo, únete a él”. Esta es la manera como las grandes corporaciones, sobretodo las dedicadas al sector de la alimentación, a sabiendas del negativo impacto económico que puede provocar la expansión del Veganismo en la sociedad para sus bolsillos, ya se están poniendo las pilas para ofrecer nuevas gamas de “productos veganos” e invertir millonadas en un nuevo tipo de marketing fraudulento más apropiado a la nueva inclinación.

Obviamente muchos verán esto con buenos ojos, lo cual es normal y en parte cierto, pero no deberíamos olvidar de que a pesar de ello, las mismas corporaciones que ahora tratan de lavarse la cara (Nestlé, Unilever, Pepsico, etc) por otro lado siguen vendiendo muchos otros productos sin dicha “etiqueta ética”. Tampoco deberíamos olvidar de que además siguen ejerciendo la testación con animales en aquellas gamas de productos que “lo requieran” según la legislación de los países donde producen o venden, tampoco deberíamos olvidar de que siguen pagando cuatro duros a sus trabajadores y perpetuando la explotación infantil de niños tan inocentes como cualquier animal de otra especie, tampoco que siguen contaminando y destrozando sin control ríos, mares, bosques, selvas y demás hábitats naturales y perjudicando consecuentemente a aquellos animales salvajes que tratan de sobrevivir lejos de la presencia del destructivo homo sapiens, y también deberíamos de añadir que se esfuerzan por patentar la vida y la naturaleza tratando de hacerse dueñas de ésta y obtener el control de la soberanía alimentaria y de la vida misma, etc…

Por otro lado, cabe destacar también esas campañas de tergiversación conceptual por parte de los medios de adoctrinamiento información, que se esfuerzan por minusvalorar la naturaleza de su temido enemigo. Y así es como ya empieza a ser común eso de referirse al Veganismo como a una dieta, o a la moda de ser vegano por razones de salud, todo ello con tal de situar dicho pensar al nivel de la hipocresía del “vegetarianismo” y sus otros ismos acompañados por distinos risibles prefijos como el “ovo”, el “lácteo”, el “flexi”, el “pesca” o ya el último de los colmos de los neologismos, el pollotarianismo….

 

¿Es pues consecuente que aquellos que supuestamente ya hemos despertado nos dejemos manipular nuevamente por estas instituciones psicópatas a través de su nueva gama de “productos veganos”? ¿Ayudaríamos acaso al político corrupto acusado por evasión y blanqueo de capitales, malversación de caudales públicos, falsificación de documentos, tráfico de influencias, abuso de autoridad u otros delitos porque ha abierto una guardería para niños discapacitados? Estoy seguro de que no (o al menos a excepción del caso Español…)

Es por tanto imprescindible y necesario, de que aquellos de nosotros que creemos haber dejado de ser meros consumidores autómatas para recobrar nuestra individualidad no volvamos a caer en las artimañas y fraudes del sistema. Todos esos nuevos “productos veganos o éticos” están muy bien para aquellas personas que sin haber logrado alcanzar todavía su emancipación cognitiva tengan ahora oportunidad de minimizar daños eligiendo productos libres de crueldad animal, pues un paso pequeño siempre será mejor que no dar el paso. Pero si aquellos individuos más críticos nos conformamos con tan poco, no quepa duda de que el monstruo del crecimiento continuo en nuestro planeta finito y ya duramente aquejado, acabará tragándose al Veganismo junto con su esencia, para convertirlo ni más ni menos que en otra simple opción más, del dañino consumismo.

¿Queremos de verdad un mundo 100% vegano, tanto en sus valores como en su total proceder? ¿O nos conformaremos simplemente con un mundo que disponga de opciones veganas pero que siga inmerso en la autodestrucción, la desigualdad, las clases y las arbitrariedades? Si nos decantamos por la primera opción, es necesario que no nos dejemos engañar ante este nuevo lavado de cara, hemos de mantenernos firmes en nuestras valores y quehaceres, y siempre que sea posible dentro de nuestras posibilidades apostar por el comercio justo y local, por alimentos orgánicos frente a procesados, por el autoconsumo, por energías verdes y limpias, por el reciclaje, la reducción y la reutilización, etc. Pues solo ejerciendo la esencia del Veganismo en todos sus sentidos, seremos entonces capaces de implantarlo y ganar esta batalla contra el egoísmo.

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En relación a la lectura de hoy, para todo aquel que quiera profundizar un poco más sobre el papel que juegan las corporaciones en nuestras vidas recomiendo concienzudamente ver el siguiente documental.

La corporación ¿Instituciones o psicópatas?