La lacra social y moral del individuo involutivo

Sabemos que “desgraciadamente” la naturaleza no es perfecta, de ahí a su continua evolución tratando de mejorarse así misma, y de la misma manera que a veces se dan mutaciones beneficiosas para el individuo, su especie (conformada mayoritariamente por individuos ordinarios e intrascendentales) e incluso para todo el ecosistema, otras veces también puede ocurrir lo contrario. Mutaciones que concluyen en individuos dañinos para todo lo que les rodea.

Curiosa y lamentablemente, éste tipo de retroceso evolutivo contra el perfeccionamiento natural parece querer darse con bastante más frecuencia en el comportamiento moral y social del destructivo homo sapiens, que en su continua necesidad por evolucionar intelectualmente siempre encuentra impedimentos entre algunos especímenes de su propia especie.

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Este es un hecho ante el cual, el activista debe enfrentarse el día a día cuando pide el fin de la explotación y justicia sobre cualquier grupos de oprimidos, pero principalmente sobre los animales no-humanos. Así, no son pocas las veces que se topa con individuos carentes de todo ideal, y que burlescamente suelen mofarse del sufrimiento de los no-humanos e incluso clamar orgullosa y abiertamente su apatía.

Éstos despreciables individuos, consecuencia de las imperfecciones biologicas antes mencionadas, suelen frecuentar en debates morales, no por crítica, sino por conformidad e incluso morbosidad, son los defensores de la supremacía humana y del antropocentrismo, aunque en realidad solo se quieren así mismos. Mucho más allá de su propia reflexión y capacidad crítica, sus ideas surgen de la moral heredara, y en el fondo no son más que victimas y verdugos de sí mismos, así como un cáncer que se come así mismo. Son parte de esa misma piedra que entorpece constantemente el camino hacia el progreso moral de cualquier sociedad. Una muralla contra la cual todo pensamiento crítico y que ponga en duda la arbitrariedad de sus discriminadores dogmas siempre necesita tratar de solventar.

Son los mismos que en otros tiempos motivados por similares doctrinas aprobaron y aplaudieron, que entre otros muchos grandes pensadores o revolucionarios de su momento, se linchara a Hipatia de Alejandria, que se crucificara a Jesús de Nazaret, que se quemara a Giordano Bruno en la hoguera, o que se desterrara a Galileo al exilio ¡Y todo por desmontarles sus delirios! El patrón es exactamente el mismo, solo cambia la época y los prejuicios, pues las sombras que proyectan son el análogo fruto de esa misma involución, desfachatez e indiferencia que reina en la historia de los humanos.

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Giordano Bruno a punto de ser quemado vivo por la Iglesia por cuestionar sus dogmas

Hoy en día, estos individuos suelen insistir frecuentemente en diferenciar animales humanos de no-humanos, y para ello se aferran al lenguaje aceptado e institucionalizado. Por ello, podríais ponerles delante de sus narices un violín, y aun así seguirían añadiendo que se trata de una guitarra si así es como lo dice alguno de esos manuales desde los cuales extraen sus ideas preconcebidas. No entienden, o quizás no quieren entender, que el lenguaje no es más que una simple herramienta de comunicación que evoluciona a la vez que lo hacen los valores morales de la sociedad que los utiliza, y no una ciencia exacta como sí, por ejemplo lo son las matemáticas.

Antes eran la biblia, el Corán o cualquier obra de tipo teológica, hoy en día se deben a la RAE, a wikipedia o lo que diga el político de turno. De esta manera, antes que el uso de la razón, la reflexión y el simple sentido común, para ellos lo que dichas fuentes diga va a misa, incuestionables y por tanto también innegables. Así, suelen reivindicar entre otras conjeturas baratas, que a los no-humanos no se les puede asesinar, y que eso solo se puede hacer sobre los humanos. Obviamente, cualquier mente sana cognitivamente y libre de influencias dominantes, entenderá que afirmar que el concepto de “asesinar” solamente es aplicable sobre los seres humanos es claramente un eufemismo y una injusticia, mientras que para las sombras no es más que un desahogo y un alivio que les permite seguir ejerciendo la parcialidad de sus conductas y monsergas bajo el consentimiento general. No dudarán con ello en intentar ridiculizar y ultrajar al que lo ponga en entredicho o siembre la duda. Eso sí, siempre y cuando se sientan abrigados por el interesado y artificial sostén que les aporta el número que suma el total de sus congéneres amediocrizados.

Aun así, el tiempo y el cada vez mayor surgimiento de mentes libres son los que al final enterrarán tan fuscas ideas en un pasado de vergüenzas ajenas. Las generaciones futuras podrán leer y oír sobre tan anticuados y rancios prejuicios de dichos individuos involutivos, con el mismo desprecio que ahora lo hacemos sobre los que suscitan el racismo o el sexismo.

Esperemos que algún día aprendamos a como prevenir esta molesta lacra que continuamente entorpece el progreso natural en la evolución del pensar y el necesario entendimiento en el sentido de unidad.

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