La agónica existencia de 269

Os presento a número 269, quien carece de nombre ya que ha sido traído al mundo simplemente para ser convertido en un mero producto de consumo. Por ello su individualidad, necesidades e intereses son totalmente ignorados.

A pesar de ello 269 es un individuo sensible y emocional perteneciente a la especie “Sus scrofa domestica“, un tipo de cerdo que lleva siendo explotado por los animales de la especie “Homo Sapiens” (o más conocidos como seres humanos) desde hace unos 13000 años, a lo que cabe añadir que en el último siglo con la revolución industrial y tecnológica su explotación se ha visto multiplicada hasta el punto que por cada minuto que pasa 2300 individuos de su misma especie están siendo matados alrededor del mundo para ser convertidos en salchichas, panceta, hamburguesas u otros productos cárnicos para satisfacer el apetito del animal Humano.

Bajo un criterio estrictamente eco-conservacionista podríamos decir que 269 es afortunado por pertenecer a una de las especies animales que mayor posibilidad de supervivencia tiene, pues la especie a la que pertenece está muy lejos de la extinción. Aunque desde un criterio ético y coherente, que se centre en los intereses del individuo y no en cosas abstractas e intangibles, veremos que ocurre exactamente lo contrario.

Y es que durante esos miles de años de esclavitud (o eufemísticamente llamada “domesticación“), la especie de 269 ha sido modificada genéticamente por los animales humanos mediante la selección artificial y otros procesos de hormonamiento industrial con tal de conseguir que los nuevos individuos que nazcan sean cada vez más grandes y gordos en el menor tiempo posible de crecimiento. De esta manera las industrias de explotación animal que los producen mediante violanción (o comúnmente llamada inseminación artificial), han conseguido abaratar el costo de producción económica pudiendo sacar mucha más carne de cada uno de los cuerpos de los individuos explotados que luego venden descuartizados por piezas en supermercados, restaurantes u otros establecimientos alimentarios.

Pero para 269, sufrir estas mutaciones genéticas no en pro de sus propios intereses evolutivos, sino en pro de ser un producto rentable, le ha supuesto a él y otros como él, padecer problemas congénitos muy dolorosos como son ártritis crónica, disnea o piel excesivamente sensible a la exposición solar. Además de problemas psicológicos fruto de su permanente cautiverio.

En definitiva, toda esta serie de desventajas consecuentes de su explotación han covertido la vida de 269 y millones de otros indivudos como él, en una vida traumática, dolorosa y llena de sufrimiento que jamás, nunca, podrá ser justificada como necesaria.

269