Falacias (IV) Extinción de especies explotadas

Entre tan gran montón de poco pensados razonamientos que suelen emplearse no con otro objetivo que el de legitimar éticamente la explotación, demanda y consumo de animales, en esta entrada analizaremos uno que en concreto, suele ser bastante utilizado. Al cual nos referiremos como falacia de la extinción, ya que el mismo trata de fundamentar su argumentación a favor de dicha legitimidad aludiendo al hecho de que algunas de las especies de animales que hemos sometido a la explotación, se extinguirían si dejáramos de utilizar a sus individuos para nuestra convenencia.

¿Ecologismo gastronómico o una mera excusa más?

Antes de empezar es necesario entender que cuando estas personas aluden a la posible extinción de una especie en concreto como una consecuencia negativa y argumento a su favor para poder seguir explotando y consumiendo animales, lo que están haciendo es apuntar a una moral de base ecologista, o ecocentrista (véase más detalladamente sobre esta cuestión aquí y en su segunda parte aquí), como fundamento racional. En resumidas cuentas, están debiendo su criterio moral a la importancia de una abstracción como son las especies, y anteponiendo con ello su posible valor instrumental por delate del valor intrínseco de los individuos (si es que alguna vez lo tuvieron presente). Criterio que desde una perspectiva realmente ética veremos a continuación porque es irracional, daniño y arbitrario.

Pues si bien es cierto, que algunas de las especies que tenemos sometidas al infierno de la explotación ya no existen en estado salvaje, como son por ejemplo el “Bos taurus” (o vaca “domestica”), el “Sus scrofa domestica” (cerdo rosa) o el “Gallus gallus domesticus” (gallina “ponedora”) ¿Podemos considerar que esos individuos son afortunados por haber nacido y existir gracias a su explotación? ¿Podemos considerar que sus vidas como individuos son dignas de vivir? ¿Podemos considerar que la posible extinción de su especie es un argumento razonable y justo para seguir legitimando su explotación?

Para responder a estas preguntas, primero es necesario que tengamos en cuenta que estamos hablando de individuos que desde el primer momento que nacen van a ser expuestos a un sufrimiento extremo de manera continuada. Individuos que ya al poco de nacer serán regularmente separados de sus madres con el daño emocional que ello produce en ambos. Individuos que serán encasillados en cubículos individuales tan estrechos, o tan saturados de otros de su misma especie en caso de ser comunes, que no dispondrán ni siquiera del espacio necesario para desarrollar sus más fundamentales necesidades tanto físicas como mentales. Individuos que en su mayoría serán cohibidos de las sensaciones placenteras del exterior (pisar hierva, tierra y sentir el sol en sus rostros por ejemplo). Individuos que serán mutilados (colas, testículos, nariz, picos, etc). Individuos que en su mayor parte serán únicamente alimentados a base de piensos industriales. Individuos que en caso de ser hembras serán violadas repetidamente (inseminación artificial) para que traigan al mundo aún más individuos a sufrir su misma suerte. Etc. Y todo ello hasta el día que en dependencia de su especie/uso (normalmente unos meses en el caso de que se quiera hacer productos cárnicos con ellos, o años en el caso de ser explotados por su leche o huevos) serán asesinados(1).

No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que no, de que vivir una vida sentenciada a padecer estas calamidades no es una vida digna de vivir. En realidad tan solo es necesario hacer un sencillo ejercicio de empatía y ponernos nosotros mismos en una situación similar para darnos cuenta, que si fuéramos nosotros los explotados no estaríamos dispuestos a vivir semejante tormento con el fin u objetivo de perdurar la existencia de los genes de nuestra especie.

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De hecho, con lo acabado de comentar ya podemos afirmar contundentemente que existir para el mero hecho de ser explotado (con todo el sufrimiento que ello conlleva) es de todo menos deseable. Y que entre vivir una vida llena de sufrimiento para complacer los intereses de otros individuos o no existir es mucho mejor lo segundo. Y es que además existe la evidencia trascendental de que el interés a vivir (o seguir viviendo) se desvanece cuando ello implica también ser objeto de un sufrimiento continuo e insoportable (interés a no sufrir).

Tal y como indica Paula Casal en la presentación del distinguido libro “Liberación Animal” de Peter Singer en su edición de 1999 por Editorial Trotta, S.A.(2):

“La diferencia entre el interés en evitar la muerte y el interés en evitar el sufrimiento proporciona el argumento de un buen número de películas de guerra. Por ejemplo, cuando hay varios heridos y sólo queda un  botiquín, los calmantes —o el coñac— se dedican a aquel a quien la explosión ha dejado destrozado, trastornado y con poco tiempo de vida. Los que han sufrido heridas más leves se aguantan a palo seco. Pero cuando empieza el bombardeo y hace falta salir corriendo para no salir todos volando por los aires, el que está peor de todos es quien insiste en ser el que ha de quedar atrás. El que más interés tenía en el coñac, respecto a la vida, es el que menos tiene que perder.

Mientras que el interés que un sujeto pueda tener en conservar su vida depende de qué vida va a ser ésa, el interés en evitar el sufrimiento es universal. Y mientras sea del mismo tipo y de la misma intensidad, independientemente de quién lo padezca, tiene la misma importancia moral.”

Por otro lado, tal y como ya hemos comentado, la especie no es más que una abstracción ilustrativa consecuente de las diferentes clasificaciones biológicas que hemos realizado los seres humanos para facilitar el estudio de los distintos seres vivos que han ido evolucionando a lo largo y ancho del planeta. Reagrupando en estas abstracciones (especies) aquellos seres vivos que con patrones y características comunes pueden procrear entre sí. Todo con el objetivo de comprender mejor su existencia, nada más.

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Ilustración que muestra la evolución de la vida a través de los distintos reinos y especies.

Y aunque en algunos casos algunas especies pueden jugar un papel importante en la conservación de la biodiversidad o de la vida misma (como ocurre por ejemplo con las abejas y los abejorros)(3), en la mayoría de casos consideramos valiosas las especies meramente por su valor paisajístico o estético (valor instrumental), sin ni siquiera ser imprescindible su existencia para la vida en el planeta.

Pero es que aunque quisiéramos considerar este como un criterio objetivo para justificar la explotación de algunas de estas especies, el cual no lo es ya que este solo atiende a nuestra personal apreciación “artística” como especie dominante (criterio subjetivo) y no a los intereses reales de quienes son explotados ¿que valor paisajístico o estético tienen estas especies cuando sus individuos escasamente son vistos viviendo libremente más allá de lo que nos muestra la poca honestidad de la publicidad?

A todo lo dicho, es necesario entender que si nos debemos a un criterio verdaderamente Ético e imparcial, y no a un juicio moral arbitrario producto de nuestras propias creencias, culturas o mitos de índole antropocentrista. Entenderemos que este criterio debe de tener en cuenta la sintiencia como centro de nuestros razonamientos morales, y no la ecología, la vida, algún dios que otro o los mismos seres humanos simplemente por ser de nuestra especie. Porque es precisamente la capacidad de sentir, y no otra característica, la que nos convierte en sujetos con capacidad para tener experiencias subjetivas (intereses)(4). Y hasta donde sabemos, por ahora solo dentro del reino animal (destacar que esta también es otra clasificación biológica y por tanto una abstracción) hay seres sintientes.

Para concluir, y aunque ya hemos visto que la especie no es un criterio éticamente relevante para aceptar la vulneración de intereses de individuos sintientes (animales), cabe destacar que la mayoría de personas que hacen uso de este pretexto, en realidad no lo hacen de una manera sincera, sino como mero escudo para justificar su demanda/consumo en lo que pensaban que eran un buen razonamiento. Y que sí realmente les preocupe la desaparición o extinción de las especies animales, entonces deberían atenerse a que es precisamente la ganadería, la principal causa de extinción de especies(5).

Tal y como se resume en cowspiracy.com/facts:

“La ganaderia contribuye a la extinción de especies en muchas maneras. Además de la destrucción de su hábitat monumental causada por la tala de bosques y la conversión de tierras para cultivar cosechas de alimentación y para el pastoreo de animales , los depredadores y la “competencia” entre especies con frecuencia son el blanco de la caza debido a que se consideran una amenaza para el ganado. El uso generalizado de pesticidas, herbicidas y fertilizantes químicos utilizados en la producción de cultivos a menudo interfieren con los sistemas reproductivos de los animales salvajes y envenenan las vías fluviales. La sobreexplotación de las especies silvestres a través de la pesca comercial, el comercio de carne de caza, así como el impacto de la agricultura animal acentúan el cambio climático , y todo ello contribuye al agotamiento mundial de las especies y los recursos.”

Por último, si estas especies de animales mantenidas únicamente para saciar nuestro apetito u otros intereses dejaran de existir, el consumidor común en realidad ni siquiera sería consciente de ello, pues el acercamiento más próximo que suele tener el mismo con estos animales es cuando estos ya se encuentran despedazados, cocinados y expuestos en su plato. Un placer gastronómico al que simplemente no está dispuesto a renunciar sea cual sea la despótica realidad que se esconde detrás de ello. Esa es la realidad.

 


(1) Para información aún más detallada sobre el confinamiento, manejo y muerte de los animales explotados aquí.

(2) Peter Singer – Liberación Animal

(3) Why are bees important?

(4) Cabe destacar que este enfoque ético se conoce como sensocentrismo. Muy recomendable leer esta entrada de respuestasveganas.org para más información.

(5) Véase aquí, en el apartado “Animal agriculture is the leading cause of species extinction, ocean dead zones, water pollution, and habitat destruction.” las distintas fuentes que confirman lo dicho.

 

 

 

 

 

  • Inma Love Eclipses

    Eso lo que siempre dice mi madre, ella pone cualquier excusa para comer los animales que se le antojan por placer. Me recuerda a lo de la tauromaquia, que dicen los taurinos que si el toro se extinguiría…

    • Exacto, lo de aludir a la posible extinción del toro de Lidia es un ejemplo perfecto de falacia de la extinción.
      Gracias por tu aportación Inma.