El mito de la superpoblación ( II )

Este escrito es una continuación de este otro, es por ello, que para que el lector pueda situarse en el contexto del siguiente, se recomienda leer antes su primera parte.


Con todo lo expuesto en el anterior articulo, hemos concluido que el verdadero problema no reside en una superpoblación de humanos, sino en los dañinos hábitos alimentarios de ésta, que derivan directamente de una superpoblación de animales criados explícitamente para consumo humano. Con ello, no cabe duda de que la necesidad de la humanidad por dejar de comer animales ya no es sólo una cuestión moral o de principios éticos teniendo en cuenta el nivel de menosprecio y violencia que ejercemos diariamente contra ellos simplemente para complacer nuestro apetito (entre otros asuntos), sino que además, ahora ya se ha convertido en una cuestión de supervivencia, no solo para la humanidad, sino para todo tipo de vida en el planeta. Y es que en definitiva, el seguir manteniendo este tipo de sociedad mundial cegada por su adicción a comer animales (sociedad carnista) es un despilfarro de recursos totalmente insostenible.

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Tabla comparativa entre “dietas” que muestra de manera concisa el despropósito ambiental de alimentarse a través de productos animales.

Como continuidad, y tratando de considerar este problema en términos más estructurales y socio-organizativos, podríamos añadir, que el detonante a la demente situación de la superpoblación de animales para consumo humano radica ni más ni menos en la funcionalidad del sistema capitalista. Un sistema que marca los cánones de conducta de la sociedad mundial en dependencia únicamente de los factores económicos y la búsqueda del beneficio personal.

Resulta inconsecuente pues, que la sociedad mundial no se maneja a través de una política en la que los factores sociales y medioambientales deberían de ser por pura lógica la herramienta principal a tener en cuenta para desenvolvernos y para en definitiva, construir y hacer funcionar mejor la misma sociedad con el mundo que nos rodea. Por el contrario, hemos llegado a aceptar que es normal que lo que mueva la política, y eso supone “el todo”, sea la economía. La cual en realidad no debería ser más que una simple herramienta a nuestro serivicio para facilitar el libre cambio e intercambio de bienes y servicios, pero que se ha convertido en un dogma incuestionable, al que todo país necesita ponerse al servicio para sobrevivir en este mundo globalizado. Por ende, estamos permitiendo que sea la economía la llave para dirigir todo el cotarro político-social mundial y dictar las normas preestablecidas por su oferta y demanda, incluso cuando ambas vayan en contra de los intereses de la naturaleza y por ende, de los propios.

Sintetizando la idea expuesta, la causa al descontrol medioambiental existente a nivel planetario radica en que sean siempre en primera instancia los factores económicos los que decidan que explotar, cuando y cuanto.

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Con lo dicho, a muchos consumidores autómatas esto les servirá de pretexto para utilizarlo bajo la excusa de que “como es el sistema el que está mal montado, ellos no son más que otras victimas más de éste y que por ello no pueden hacer nada para evitarlo” Pero de nuevo, parecer ser que la mayoría prefiere olivar interesadamente el que cada y uno de nosotros formamos parte de los engranajes que dan movimiento a éste gran motor de destrucción. Nosotros somos a la vez los “productores” y “consumidores” de éste tipo de sistema desequilibrado, y sin nuestra colaboración este no funcionaria. Es así de simple. Por tanto, con cada y una de nuestras elecciones, estamos dando o no, rienda suelta al mayor de los problema que la sociedad del siglo XXI ha de enfrentarse, la destrucción irreversible de nuestro única casa y verdadera patria, el planeta Tierra. Y de nuevo, no por superpoblación, sino por egoísmo e indiferencia.

A lo expuesto, lo más risible e hipócrita de todo, es que no es poca la gente, que aun autodenominándose “progresistas”, suelen quejarse de la súper población mientras que cada día se comen un filete o una hamburguesa, como si ello no tuviera nada de malo. Suelen ser los mismos que incluso con tal de guarecer sus egoístas hábitos alimenticios son capaces de pedir o aplaudir políticas represoras de base ecofascista(1) para mantener el control de la natalidad por imposición (tal y como ya se hizo en China de manera muy suave y que funcionó ejemplarmente mal) o de proclamar o ver con buenos ojos, que algún día tenga lugar algún tipo de catástrofe (tipo nuclear) para acabar con al menos la mitad de la población humana sin atener ni siquiera a sus secuelas medioambientales (Eso sí, asegurándose ellos de poder quedar entre los “elegidos”…). De esta forma, siendo muchísima menor la cantidad de humanos existentes, los sobrevivientes podrían seguir disfrutando de su caprichoso consumo de carne, leche y/o huevos.

Tampoco es insólito, que dando por incuestionable dicho mito de la superpoblación, mucha gente proclame que la única solución será el expandirse a otros planetas, dando con ello a entender que la tierra ya está sentenciada a muerte y que nada se puede hacer.

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Tira cómica que parodia la posibilidad de la expansión humana en el espacio. Leer de arriba a abajo y de izquierda a derecha.

He de destacar en este punto, que a opinión del redactor sería fantástico que realmente algún día la humanidad, y en definitiva, la vida en la tierra, pudiera ser propagada a otros mundos. Pero seamos realistas, los humanos somos biológicamente demasiado dependientes al entorno, químico, biológico y climático de nuestro planeta, y todavía no hemos conseguido desarrollar tecnologías suficientemente buenas para que nos permitan evadir los problemas provenidos de los cambios en la gravedad, las radiaciones o el largo lapso de tiempo necesario para ejercer viajes espaciales (envejeceríamos mucho antes de llegar) Y aunque ello fuera posible ¿Para que? ¿Para seguir expandiéndonos y destrozando otros planetas después de acabar con el nuestro? ¿Para que la especie humana pueda asegurar su supervivencia y para que no se extinga en su propia casa? ¿No sería acaso más lógico conservar primero nuestra casa, y en tal caso algún día cuando lo consigamos, tratar de llevar dicho modelo a otros mundos?

Además, y en tal supuesto, siguiendo los patrones arbitrarios y clasistas de la sociedad mundial que hemos creado ¿Quienes son los que sobrevivieran y se irían? Seguro que no serían tipos normales y corrientes como nosotros, sino esos mismos déspotas a los que tal y como funcionan las cosas hoy en día no les va nada mal para sus propios intereses personales, esos que instalados en sus mega corporaciones, bancos y gobiernos corruptos ejercen su política y exprimen nuestro planeta como si de una simple naranja se tratara ¿Pues que queréis que os diga? En ese caso, yo al menos me decanto en favor de la extinción humana.

Para concluir, la solución contra la “súper población” en realidad es algo sencillo, tan sencillo como en juzgar nuestros propios hábitos alimenticios y elecciones de manera objetiva, y entender lo que realmente suponen. Ser coherentes con nuestros valores y replantearnos los verdaderos hechos para no ser cómplices nunca más de la situación desvelada. Pues no es un problema de superpoblación, sino de mala repartición, gestión y desperdicio del alimento básico suscitado por la gula de una única especie.

A todo ello cabe destacar, que en un mundo vegano, nadie hablaría de súper población incluso aunque alcanzáramos los 10000 millones de habitantes. Pero como bien decía el Gandhi “Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer la codicia de los mismos.


(1) El concepto “ecofascismo” es un término utilizado por algunos intelectuales y críticos al destructivo sistema capitalismo para referirse a posibles políticas represoras de control poblacional por parte de los Estados o megacoporaciones en un probable y consecuente período post-capitalista. Políticas represoras que bajo un supuesto pretexto ecologista achacarían directamente contra la mayor parte de la población mundial con tal remendar la insostenible situación de deterioro ambiental que está sufriendo nuestro planeta. Entre estos críticos, cabe destacar al profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid Carlos Taibo. Quien en uno de sus últimos libros titulado “COLAPSO: Capitalismo terminal, transición ecologica, ecofascismo“, hace referencia a la muy probable aparición colindante de una dictadura ecologista fuerte y centralizada, que con duras medidas de control poblacional “castigará” de manera brutal a todo aquel que se considere un abusador del medio ambiente. Considerandose justificable desde ese momento, la necesidad de sacrificar a los individuos por el bienestar del “todo ecológico”: “(… ) una de sus dimensiones principales responde a presuntas exigencias demográficas, reivindicaría la marginación, en su caso el exterminio, de buena parte de la población mundial y tendría ya manifestaciones preclaras en la renovada lógica imperial que abrazan las potencias occidentales.”


Por último, aprovechamos para recomendar el siguiente documental relacionado con todos los problemas medioambientales que hemos expuesto a lo largo de estas dos últimas entradas:

COWSPIRACY El secreto de la sostenibilidad

 

 

 

  • Enrique Muley Mateos

    Detrás del capitalismo está el carnivorismo.
    Eliminemos ambos.
    Las ciudades en su gran mayoría ya no tendrían razón de ser.
    Sin capitalismo, empezarían a derrumbarse muchas necesidades artificiales y muchos productos superfluos.
    En un escenario así, mucha gente, por no decir casi todos, abandonarían las ciudades buscando y reclamando su pedazo de tierra.
    Y no es lo mismo un par de hectareas que un piso de 60m2.
    Cuando seamos 10mil millones, habrá tierra para todos, aunque seamos veganos, y eso respetando los pocos pulmones que le quedan al planeta como el Amazonas??
    Yo creo que no. Es una simple cuestión de aritmética, a la que invito al autor a aplicar. Número de hectareas disponibles en el planeta entre número de habitantes. Y a ver qué resultado obtiene..
    Así que me parece injusto etiquetar como ecofascismo, el desear un cambio en la mentalidad humana, para frenar de una vez el crecimiento de población.

    • Hola de nuevo Enrique,

      Tal y como te comenté en tu otro comentario expuesto en la primera parte de esta entrada, no creo que el fin del consumismo tenga por ende, como resultado la disolución de la ciudades y la emigración de su población al campo, sino más bien un cambio del modelo competitivo y consumista actual a uno más cooperativo
      y sostenible. Personalmente abogo por un modelo decrecentista, que no significa por ende como muchos suelen interpretar, anti-tecnología. Aquí dispones de algo más de información al respecto https://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento

      En cuanto al término “ecofascismo”, lo utilizamos en referencia a esas personas, que muchas veces sin conocer los detalles reales del porqué el planeta se encuentra en la situación de crisis ecológica actual, suelen abogar irreflexivamente como necesaria, la hipotética exterminación de seres humanos con el fin o pretexto de preservar los ecosistemas o la vida del planeta (medida de índole ecofacista). Lo cual no parece no ser tu caso, que entiendo por el contrario, que abogas más bien por medidas políticas de control poblacional con tal de que esta no siga creciendo de manera tan desorbitada como actualmente está sucendiendo.

      A lo dicho, personalmente creo que si logramos acabar con la mentalidad consumista actual, es posible que en ese nuevo paradigma socio-cultural, las personas se vuelvan más consientes ante la necesidad de controlar la natalidad, y que po ende, sean ellas mismas mediante la información y la educación que decidan ponerle freno. Claro que esto último es tan solo una mera deducción.

      De nuevo un saludo.

      • Enrique Muley Mateos

        Tu respuesta es bastante coherente.
        Yo tampoco estoy en contra de la tecnología, aunque sí de revisar algunos aspectos superfluos y perniciosos de la tecnología en su conjunto, y quedarnos con lo más útil y beneficioso.
        El tema es que precisamente gracias a la tecnología se necesita cada vez menos mano de obra en la producción, lo cual es bueno, porque no tendría nada de malo que necesitemos trabajar muy poco.
        Pero es que creo que el ambiente de las ciudades es de por sí psicológicamente pernicioso, y empuja al ser humano una y otra vez a la codicia, al engaño, a la confusión, con lo cual el capitalismo intentaría resurgir una y otra vez.
        No tienen sentido ni justificación ciudades de varios millones de habitantes, donde la gente no tiene nada verdaderamente útil que hacer la mayor parte del tiempo, y donde se produce un hacinamiento irracional disfrazado de civilización.
        Creo que para que el ser humano pudiera reconciliarse con el planeta, ese modelo de megaciudades se tendrá que ir disolviendo.
        La vida urbana debería reducirse a una escala no mucho mayor que las ecoaldeas, y la mayoría de los humanos deberían poder experimentar el arraigo de la tierra y la cultura del cultivo, basados en un modelo de “agricultura natural”.
        Ojo, que cuando hablo de agricultura natural, me refiero a un modelo específico de agricultura que tiene esa denominación, y del cual hay ya miles de experiencias actuales y vigentes a lo largo del globo.
        Esto por supuesto, no tiene que ir en desmedro de la tecnología y de la producción industrial.
        Solo que en un modelo no capitalista y comunitario, las ciudades actuales son un obstáculo para una nueva organización, y no son necesarias para albergar ni desarrollar la tecnología y la industria.

  • Kakarott

    Desgraciadamente “vivimos” en una sociedad autodestructiva-capitalista-consumista-decrépita y manipuladora regida y controlada por el destructivo dinero al que un dia inconscientemente el ser humano, la especie más destructiva del planeta a todos los niveles le concedió todo el poder y nos acabaremos destruyendo si no tenemos la suerte de que lo haga antes un meteorito como sucedió con los dinosaurios y así no seamos los responsables de la destrucción de muchas especies, clima y en fin del único sitio donde podemos habitar.