El falso entendimiento del concepto “Progreso”

Curioso y risible a la vez ver como los defensores del crecimiento continuo hablan de la importancia del “mercado” como si éste fuera una ley incuestionablemente divina. Algo así como cuando la Iglesia hablaba sobre la centralidad de la tierra en el universo, que aunque el trabajo empírico de la física y las matemáticas mostraban lo contrario, no querían dar éstos su brazo a torcer en lo dicho.

Cierto es que el capitalismo ha traído innovaciones tecnológicas, pero el perfeccionamiento y el uso sobre las mismas suele verse fuertemente capado ante el interés asquerosamente materialista de la esencia del mismo sistema. Consecuentemente no permite desarrollar en su totalidad el potencial de la capacidad intelectual humana que se ve y verá siempre fuertemente trabado y censurado por el proceder y desarrollo basado en el interés egoísta “de producir memadas para aumentar los beneficios” engendrado por la especulación. La cual motivado única y exclusivamente por intereses egoístas particulares o grupales, imposibilita el rápido progreso social, tecnológico y político.

Ahí tenemos barreras absurdas como las patentes, las herencias, el marketing basado en mentiras, los seguros, las adquisiciones a plazos, las brutales acumulaciones de capitales, la destrucción incontrolada de los recursos naturales y su consecuente contaminación, el multiplicado sometimiento sobre los animales no-humanos, la mano de obra esclava, servicios esenciales privatizados, y en lo peor de todo, el tender la alfombra en forma de acogida a la distopía del megacorporativismo.

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Imagen ficticia de un posible futuro megacorporativista

 

Todos esos factores condicionan un falso entendimiento del verdadero concepto de “progreso” en nuestras sociedades de consumo, así se nos ha inculcado en nuestro entendimiento que para progresar es necesario obtener el máximo beneficio económico mediante la producción, y que para ello obviamente es necesario consumir, aun sin tener en cuenta las serias limitaciones de nuestro planeta, un lugar desafortunadamente con recursos finitos.

Tal y como indica Steven Best en su ensayo Los derechos de los animales y el progreso moral: la lucha por la evolución humana” cuando el actual entendimiento del concepto de progreso se basa en la dominación y la separación entre la especie humana hacia el resto de individuos de otras especies (animales no-humanos) y la naturaleza, estamos tratando de separar lo inseparable. Pues el bienestar de nuestra especie se encuentra ligado con el bienestar de todo lo que nos rodea, todo en este planeta está relacionado entre sí, y por ende nos necesitamos recíprocamente. Por tanto, es imprescindible romper de una vez por todas con el paradigma dualista proveniente del anticuado pensar antropocentrista que lleva toda la historia de la humanidad envenenado nuestro pensamiento social, y empezar a entender que nuestro progreso como especie se encuentra ligado a nuestra dependencia con la realidad materialista*¹ existente en el planeta. Por ejemplo, extraer petróleo del subsuelo marino para conseguir combustible a pesar de que dicha extracción conlleva a la destrucción del ecosistema específico y a la agresión contra las diferentes especies marinas que viven en éste, no es progreso, es lo contrario, es retroceso. Pues al final, dichos procederes también acaban o acabarán perjudicando a nuestra propia especie.

Es necesario por ello, establecer un nuevo paradigma que se base en la comprensión de unidad existente, y en el cual, el progreso se vea marcado por avances en derechos de igualdad, libertad y ecología.

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Volviendo al ejemplo del petróleo, si sabemos ya, que la extracción de petróleo está empezando a desencadenar serios problemas sociales, políticos y lo más trascendental, medioambientales, sería lógico que bajo la nueva óptica de este paradigma no antropocentrista, se buscara y se hiciera lo posible por adaptar nuevas fuentes de energía sostenibles y ecológicas en nuestro proceder sobre la realidad objetiva en la que participamos. Destaco entre ellas la “energía solar” a través de placas fotovoltaicas, por ser una fuente inagotable a escala temporal humana. Ahora, imaginemos un mundo, donde desde las esferas políticas o de poder se tratara de hacer lo posible para adaptar ciudades, transportes, hogares y producción bajo el funcionamiento de dicha engería ¿No sería esa la lógica de un verdadero progreso? El progreso tiene que tener un alcance universal, de otra manera no promueve progreso, sino desigualdad, y ésta solo desencadena arbitrariedad.

Mientras tanto, cabe destacar que en el sistema capitalista presente en el que vivimos y que ahora criticamos, basado en la propiedad y la explotación por mero afán económico, estas fuentes de energía limpias y viables ya han sido descubiertas y se sabe claramente de su potencial beneficioso para nosotros y todo lo que nos rodea. Pero precisamente, si no se aplican es debido a los intereses materialistas por los que se rige dicho sistema, que creando competencia y depredación entre individuos, grupos, estados y compañías, lo ralentiza y lo imposibilita, solo llegando a implementarse cambios favorables en aquellos momentos en que la necesidad se vuelve extrema e innegable. Como por ejemplo cuando la ausencia o escasez de energías primitivas o materiales, imposibilita el seguir con las especulaciones en las que se basa ese mercado y su falso entendimiento de “progreso”.

¿Acaso no se vería incrementada la verdadera capacidad de progreso del ser humano si se antepusiera el valor de la “cooperación” al de la “depredación” actual (o su preferido eufemismo “competencia” por los ciegos defensores del mismo)?

En definitiva, el capitalismo y sus diferentes versiones (neoliberalismo, anacorcapitalismo, escuela austriaca, etc) crean inevitablemente una estructura jerárquica basada en el pensamiento antropocentrista que inevitablemente desencadena en un parasitarismo insaciable por parte de nuestra especie a nivel planetario contra los diferentes ecosistemas que lo conforman, contra el resto de individuos de otras especies, e incluso contra la nuestra propia.

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Capitalismo y “progreso”

Personalmente apuesto por la visión decrecentista de una nueva y necesaria percepción unitaria del mundo en el que vivimos.

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* No confundirse con consumismo, sino al entendimiento objetivo y físico de la materia.

  • Muy bueno, siempre pienso, que la gente le hecha la culpa a un partido político o al otro…., y siempre sigue igual o peor la cosa, y si no hay más política…..?

    • Karlos Artagnan

      Hola Emiliano,

      Exacto, el problema es que hasta los partidos políticos más progresistas suelen jugar (conscientes o inconscientemente) sus cartas en según como se rige la realidad económica existente, anteponiendo la economía, el mercado y la producción a la realidad ecológica existente, como si las primeras fueran leyes de la física incuestionables mientras que la segunda un simple impedimento sacrificlable en honor a ese falso “progreso”. Al final, hemos creado un sistema global mundial en el que el sentido común necesita adecuarse a la realidad económica, y no al revés.

      Añadiría a ello, que el punto débil de dicho sistema se basa justamente en el consumo, pues este sistema de producción necesita de los peones (nosotros) consumiendo constantemente para sostenerse, de otra forma caería. Entiendo por ello que el boicot es el arma más poderosa de la que disponemos. Lastima que la mayoría de gente está demasiado absorbida por la búsqueda de la felicidad a través del materialismo.