Clarificación sobre conceptos (II): Deontologismo y consecuencialismo

En la última entrada sobre “Clarificación de conceptos” indagamos desde una perspectiva objetiva sobre el verdadero significado y origen de los conceptos “abolicionismo” y “(neo)bienestarismo”, y si bien esta otra entrada puede leerse perfectamente por separado, recomendaría al lector si no lo ha hecho ya, leerse igualmente la primera para que pueda advertir la relación existente de estos otros dos conceptos dentro del tan heterogéneo movimiento por los Derechos de los Animales que ya introdujimos en esa primera entrada. Pues de alguna forma ambas se complementan.


Aunque todavía nos falta mucho por saber sobre la mente humana, lo que sí es consabido es de la gran complejidad que caracteriza a la misma, resultando su funcionamiento algo todavía desconocido incluso por los mejores neurocientíficos. Por ende, tan solo disponemos de una vaga idea sobre ese funcionamiento y su estructura gracias a escáneres cerebrales y las hipótesis que podemos obtener mediante la observación. Con lo dicho, podemos afirmar que la mente de cada individuo es única, desigual y distinguible del resto, aunque dentro de tan extensa diversidad resulta ineludible advertir que durante la ejecución del pensamiento existen una serie patrones cognitivos similares, que condicionan la conducta y el comportamiento del individuo hacia una uniformidad y conformidad notable entre grupos de individuos.

Mente

Estos patrones cognitivos son los causantes de las ideas, el sentido de la moral, los principios o incluso los ideales, tantas veces compartidos en agrupaciones. Es decir, nuestro pensamiento se auto-gestiona en dependencia de su estructura cognitiva individual, pero a su vez se ve condicionado por el grupo social al que pertenecemos o con el que nos sentimos representados, para acabar pensado de una manera u otra. Y es precisamente la disciplina conocida como Filosofía la que durante la historia de la humanidad se ha encargado entre otras cosas, de estudiar y tratar de distinguir esos patrones cognitivos, clasificarlos por pensares y nombrarlos según su forma de pensamiento-acción en distintos marcos normativos.

Dentro de esta clasificación de pensamientos, donde existen no poca variedad de marcos normativos (contractualismo, ética de la virtud, ética del cuidado, etc) es donde atisbamos los dos tipos que por su presencia y relevancia dentro del ámbito de la ética y por ende, de los derechos de los animales, son los dos marcos más representativos, y que por tanto trataremos y detallaremos en esta entrada.

DEONTOLOGISMO

El deontologismo, o pensamiento deontológico, hace referencia a ese pensar simple y estricto en el que se trata de delimitar la ecuanimidad de nuestras acciones según unos fundamentos morales basados en el deber (o imperativos categóricos según el que fue su principal precursor; Immanuel Kant (1724-1804) ). Según estos fundamentos solo existen acciones morales e inmorales, o dicho de otra manera, buenas y malas. Y por ello desde dicho marco se propone que no existen puntos intermedios entre mencionada dualidad.

deontologismo

Ilustración que ejemplifica de manera muy clara la simplicidad característica de la mentalidad deontológica.

Este pensamiento binario de solo bueno o malo, prohíbe al deontologista percibir en su escala moral la también existencia de “mejores” y “peores” situaciones, y por ello iguala el propósito subyacente de las acciones a sus resultados. Es decir, si tenemos dos acciones consideradas inmorales, independientemente de que sus razones sean totalmente diferentes, ambas acciones serán condenables por igual (ninguna será mejor o peor que la otra), independientemente también de sus resultados. Por ejemplo, según la lógica deontológica, como mentir es algo malo (fundamento moral), mentir por malicia o mentir para evitar sufrimiento a alguien, será igual de inmoral. Pues mentir es siempre malo, sin importar sus razones o resultados.

Podemos advertir este mismo dictamen moral dentro del movimiento vegano, cuando precursores del pensar deontológico suelen condenar la esterilización sobre animales callejeros y moribundos por considerarla algo inmoral en términos absolutos. Considerando que ésta atenta contra su integridad física (causa un mal) y que por tanto no puede justificarse de ninguna manera, aún y cuando la razón de la esterilización sea evitar una mal muchísimo mayor (peleas por apareamiento, embarazos indeseados, muertes prematuras o nuevos individuos condenados a soportar vidas llenas de sufrimiento). De ahí a que blogs de mentalidad claramente deontologista como “Filosofía Vegana” no se escondan a la hora de igualar y calificar la esterilización de animales moribundos por fines altruistas (evitarles sufrimiento) a la par de la esterilización forzada que se lleva a cabo en sociedades puramente patriarcales no con otro objetivo que el de negar el placer sexual a las mujeres para asegurarse de que lleguen vírgenes al matrimonio, o evitar posibles infidelidades.

deontologismo

Captura de pantalla extraído de la entrada “Un comentario acerca de la esterilización/castración de animales nohumanos” del blog Filosofia Vegana.

El deontologismo es fruto de la pobreza del pensamiento más rudimentario y de su incapacidad por percibir y actuar sobre la complejidad de la realidad. Por ello, el deontologista se autoimpone normas, reglas y restricciones con tal de evitar cualquier tipo de responsabilidad consecuente de sus decisiones, u omisiones. Omisiones, porque el deontologista también niega la existencia de una causa-efecto entre lo que elige no hacer y lo que ocurre a causa de dicha omisión. Y es por ello que no se considera responsable de no ayudar a otro u otros individuos (omisión de auxilio) siempre y cuando no sea él mismo el causante del perjuicio que ese/esos otros estén sufriendo(1).

Tal y como se indica desde esta entrada de respuestasveganas.org:

“Reconocer que existe una relación causa-efecto entre lo que elegimos no hacer y lo que sucede debido a dicha omisión transforma lo que tradicionalmente se ha venido llamando «marco ético deontologista» (un fin justo nunca justifica los medios) en su doctrina contraria, es decir, en un marco ético consecuencialista (un fin justo puede justificar los medios, depende de las consecuencias estimadas).”

Por otro lado, la historia nos demuestra como cualquier reglamento imperativo basado en fundamentos morales (normas, reglas y restricciones) inevitablemente acaba derivando en la formación de una doctrina o credo ideológico fecundado por un grupo de seguidores que se deberán al mismo de manera dogmática e indiscutible(2), pues el deontologismo por esencia no permite el debate, y aun menos el libre pensamiento del individuo. Por el contrario, el deontologismo impone y obliga a los partidarios de sus fundamentos morales a seguir los mismos ciegamente y sin discusiones(3), marginando al que se atreva a cuestionarlos. Incluso cuando ello vaya en contra de sus propios fundamentos, pues siempre suele darse cabida arbitrariamente a las excepciones para justificar cualquier incongruencia con/hacía sus deberes.

En resumidas cuentas, el deontologismo declara que lo que hace que una acción sea moral o inmoral no sean las consecuencias que pueda causar la misma, sino el acatamiento o quebrantamiento de los principios que promulga. Incluso cuando quebrantar ese principio pudiera prevenir el quebrantamiento de un mayor número de principios será igualmente condenable. Es por esto, que al final el deontologismo acaba anteponiendo sus principios al ideal que supuestamente dice tratar de alcanzar aplicando esos principios. Y así es como la moral deontológica acaba convirtiéndose en un dogma, independientemente de que ello pueda impedir la realización de los resultados que supuestamente persiga.


CONSECUENCIALISMO

Tal y como su nombre indica, este marco normativo de pensar pragmático y con diferentes variantes según diferentes pareceres y objetivos (utilitarismo positivo, negativo, del acto, de las normas, etc)(4), tiene principalmente en cuenta las consecuencias de nuestra acciones y omisiones a la hora de decidir que actuar es éticamente más correcto que otro. Pues a diferencia del deontologismo, donde la moral depende únicamente del cumplir o no con un código de conducta basado en unos principios incuestionables, el consecuencialismo indica que para saber si una acción es la correcta hay que centrarse en los resultados. Es decir, un resultado éticamente satisfactorio (mayor bienestar o menos sufrimiento) será igual a una acción éticamente correcta.

Ateniéndonos al ejemplo anterior sobre el hecho de contar una mentira, desde una óptica consecuencialista entenderemos que la mentira en si misma no tiene porque ser inmoral, y que ello dependerá de los resultados que derive el contarla. Así por ejemplo, si contando una mentira logramos salvar la vida a alguien, mentir habrá sido la opción éticamente correcta.

consecuencialismo

Entre lo bueno y lo malo también hay mejor y peor.

El consecuencialismo concibe que cada situación es única e independiente, y que por ende sus características no deben de ser divisadas de manera holista y afrontadas según una tabla de conducta en la que solo hay “bueno” o “malo”, sino que tenemos la obligación de analizar y reflexionar sobre los posibles resultados de nuestras acciones u omisiones, y elegir según el que consideremos mejor y más acorde a la ética (a priori, los intereses no deben ser frustrados)(5). Esto puede derivar a que en ocasiones podamos no distinguir todas la variantes existentes dentro de esa situación, y que por consiguiente el resultado obtenido no sea el esperado o tan satisfactorio como esperábamos. Y es por esto, que si queremos mantener una mentalidad consecuencialista, la prudencia y la reflexión deberían ser dos ingredientes clave en la medida de lo posible a la hora de elegir cualquiera de nuestras decisiones. Se acepta que existen riesgos, pero también responsabilidades.

Por otro lado, esta óptica de buscar la ética según los resultados de nuestras acciones, le empuja a uno a tener también en consideración las omisiones. A entender que no hacer nada (omisión), también es una decisión que contrae consecuencias, y que por ello en nuestro juicio dicha opción también debe de ser considerada con tal de lograr los mejores resultados. Es decir, si no hacer nada ante una determinada situación supone peores resultados que el hacer algo para uno o varios individuos implicados, deberíamos tratar de hacer algo aunque el resultado tampoco sea el idóneo, pues algo “menos perjudicial”, será por ende un “mejor” resultado(6).

Cabe destacar, que muchos detractores de esta visión (en su mayor parte deontologistas obviamente), afirman que el consecuencialismo se debe a la premisa “el fin justifica los medios” y que mediante la misma se pueden llegar a justificar todo tipo de atrocidades a favor de una mayoría de individuos. Es decir, apuntando a tan ambigua definición, tratan de desacreditar la lógica de atenerse a los resultados en la búsqueda de un mundo más ético y justo. Pero la realidad es que sería mucho más honrado hablar de “algunos fines pueden justificar algunos medios”, que para nada supone lo mismo.

Pero es que aún y lo expuesto, primero deberíamos de tener en cuenta que deberse una mentalidad consecuencialista no supone carecer de principios. Siempre habrá una línea que por prudencia o razón nos neguemos a cruzar.

Y segundo, aunque decidiéramos prescindir de esos principios, siempre podemos atenernos a las consecuencias a largo plazo, y no solo a las inmediatas, para entender que no todo está justificado.

Por ejemplo, aún y aunque nos atuviéramos a la más ardua de las situaciones con tal de tantear lo supuestamente despótico que puede resultar esa brusca premisa expuesta por sus detractores, y ateniéndonos a un escenario imaginario en el que hubieran cinco personas que necesitaran urgentemente un trasplante de órganos (dos de ellas un riñón, otra un pulmón, otra un higado y una última un corazón) con tal de apuntar a que ello podría justificar el matar a alguien sano y sin ningún tipo de lazo afectivo para quitarle sus órganos y donárselos a esa mayoría de cinco (provocar un mal menor en favor de un bien mayor), estaríamos ignorando consecuencias negativas a la larga.

dilema

Fotograma del dilema consecuencialista expuesta por “CrashCourse”

Pues vivir en una sociedad donde cualquier día pudieran sacrificarte en porvenir de un bien mayor, produciría una indeseable situación de insatisfacción, malestar, ansiedad y temor continuo para sus habitantes. Por lo tanto, ni siquiera sin atender a unos principios éticos, vemos que en una de las situaciones más rebuscadas, debería porqué aplicarse siempre ese brusco “el fin justifica los medios”.

Con tal de ultimar, diríase que resulta bastante obvio divisar que esta manera de pensar y actuar requiere un mayor esfuerzo mental e intelectual que el deberse a una mera lista de deberes, pues nos vemos obligados constantemente a diagnosticar el contexto y a ejercer la intuición para valorar los posibles mejores resultados de nuestras acciones. Pero también debido a ello, el consecuencialismo resulta muchísimo más efectivo para enfrentarse a la realidad en nuestra búsqueda por construir un mundo más justo.


CONCLUSIÓN

En resumidas cuentas, lo que diferencia al deontologismo del consecuencialismo, es que el segundo permite quebrantar un principio moral si se estima que sus consecuencias serán mejores que no quebrantarlo, mientras que el primero nunca lo permitirá. Esto convierte al primero en un pensar dogmático que no acepta debate, mientras que el segundo disfruta de la ligereza del pragmatismo y da cabida incluso a diferentes valoraciones dentro del mismo marco.

El deontologismo además, al no considerar la relevancia ética de los resultados detrás de cada decisión, también niega responsabilidades en la omisión, pues admitirlas supondría contradecirse, y por tanto volverse consecuencialista.

Y ya como valoración personal añadiría, que si bien es necesario poseer unos mínimos principios como guía de nuestros propósitos hacía un mundo más ético, resulta totalmente incongruente basar nuestras acciones únicamente en ellos sin tener en cuenta las posibles consecuencias positivas de un actuar diferente. Y es que la realidad en la que vivimos, junto a los retos que vamos a tener que afrontar en los venideros años para lograr una sociedad más justa, como son acabar con el antropocentrismo moral y/o el despiadado capitalismo que todo y a todos nos mercantiliza, son demasiado complejos y desiguales como para tratar de afrontarlos según lo que marquen un puñado de directrices morales.

Pues si algo necesitamos mantener continuamente en activo para alcanzar la utopía soñada, es precisamente de nuestra capacidad crítica, y no relegarla en favor de un credo que al final acabará convirtiéndose en nuestras propias esposas.


(1) Véase de nuevo el ejemplo de la negación deontológica a esterilizar animales moribundos, no solo por condenar la misma acción independientemente de cual sea su fin, sino también por desconsiderar responsabilidades directas sobre la situación de esos animales.

(2) Véase como ejemplo histórico lo expuesto en la mini-entrada “Bakunin y el fracaso de su norma deontológica

(3) Ejemplo claro de ello dentro del movimiento por los derechos de los animales, sería la doctrina llamada “enfoque abolicionista” con sus inquebrantables principios deontológicos concebidos por su máximo dirigente Gary Francione y secundados por su séquito de seguidores francionistas.

(4) En esta entrada de Ética Animal se exponen de manera resumida algunos de los distintos marcos normativos consecuencialistas a la hora de tratar de aplicar la Ética.

(5) Regla de Oro de la Ética ¿Por qué “a priori, los intereses no deben ser frustados”?

(6) El dilema del tranvía expuesto en esta entrada de respuestasveganas.org representa muy bien esta parte sobre las omisiones.

  • Rogelio Peralta

    Tan interesante como el anterior.

  • Luis J

    Esto es una oda al consecuencialismo, me parece una apreciación de lo más sesgada.
    Existen claras vulnerabilidades en ambas posturas llevadas al extremo, y no es que se apele a un termino medio.
    Pero demonizar la palabra dogma y dar luz verde a relativizar un movimiento en nombre de lo “eficaz”, me da miedo a donde va a parar.

    • Hola de nuevo Luis J

      Más que una “oda al consecuencialismo” definiría la entrada como una defensa del pensamiento crítico y por ende pragmático, como oposición a cualquier norma dogmática de índole deontologista que pueda cohibir o
      entorpecer ya no solo el libre ejercer del primero, sino también el cumplimiento de ese objetivo que supuestamente dice tratar de alcanzar esa norma. Como es en este caso la liberación animal.

      Por otro lado, comentas que la entrada te parece sesgada, a lo cual te agradecería que señalaras cuales son esos sesgos que adviertes con tal de que podamos debidamente discutirlo.

      Un saludo y gracias tanto por leernos como por animarte a escribir.

  • Leto Atreides

    A lo mejor el tratamiento superficial y sesgado (“deontologismo es fruto de la pobreza del pensamiento más rudimentario”, “no permite el debate, y aun menos el libre pensamiento del individuo”, “pensamiento deontológico, hace referencia a ese pensar simple y estricto”, etc.) se pueda ver subsanado con un repaso a esta entrada: https://plato.stanford.edu/entries/ethics-deontological/. Y de paso también sería bueno ver si esta entrada se puede respaldar con fuentes primarias (libros de texto, artículos…)

    Esta entrada no parece una clarificación de conceptos. No se “clarifica” de forma parcial y sin emitir juicios de valor las posturas éticas expuestas. Parece más bien un intento para conducir las conclusiones de quien lo lea al rechazo de determinada postura.

    • Hola Leto Atreides

      Sin ánimos de ofender, pero me atrevería a señalar que desde un punto de vista argumentativo resulta algo endeble como razonamiento el atribuir a otros el hecho de padecer sesgos cuando te limitas simplemente a mencionar algunas frases sueltas de esta misma entrada para “responder” con el link a una entrada enciclopédica sobre filosofía, y además en Inglés.

      Te animo por ello, a que si no concuerdas con la reflexión expuesta en esta entrada trates al menos de exponer tus razonamientos de manera ordenada y clara con tal de que podemos al menos entablar un debate productivo para ambos lados.

      Saludos

      • Leto Atreides

        Ya. Y supongo que si nada más hubiera dicho que tienes sesgos —sin más— me habrías pedido que sustentara esa afirmación. En fin…

        En fin, mi comentario era simplemente una invitación a dar un tratamiento menos laxo a la ética deontica, aportando una entrada que puede servir a ese fin.

  • Inma Love Eclipses

    Muy buen artículo, muchas gracias

  • Pingback: Gary Francione, otro enemigo más para los no-humanos - El Vegano RadicalEl Vegano Radical()

  • Pingback: Clarificación sobre conceptos (I): Abolicionismo y (neo)bienestarismo - El Vegano RadicalEl Vegano Radical()