Clarificación sobre conceptos (I): Abolicionismo y (neo)bienestarismo

Lo más seguro es que si el lector participa activamente en los distintos debates que suelen darse en cualquier grupo de las redes sociales (principalmente Facebook) que gire en torno al tema de los Derechos de los Animales y/o el Veganismo, ya se habrá dado cuenta de que dentro del movimiento animalista parecen existir algunas discrepancias notables incluso entre los mismos Veganos. Discrepancias que principalmente se deben a estrategias y/u objetivos, y que lamentablemente muchas veces suelen ser la causa de llegar al insulto, la calumnia y/o la rivalidad.

Y esta es la razón por la que hemos decidido dedicar esta entrada a analizar objetivamente este asunto. Un asunto que además de merecer su reflexión, también requerirá que analicemos el significado de algunos conceptos, que aunque suelen ser parte del vocabulario común durante los debates, en realidad parecen no conocerse, entenderse o aplicarse correctamente.

A lo dicho, y de manera muy general y resumida, podríamos realizar una clara distinción entre dos grupos principales dentro del movimiento Vegano; Los abolicionistas y los (Neo)bienestaristas.

Aunque en realidad sería más justo hablar de los autodenominados abolicionistas, y de los tildados de (neo)bienestaristas por los primeros. Pues tal y como veremos en esta entrada, en realidad ambos grupos son abolicionistas, y lo que diferencia a unos de otros no es el objetivo (erradicar la explotación del ser humano sobre el resto de animales), sino la metodología de acción. Pero primero, analicemos ambos términos.

ABOLICIONISMO

Es un término que hace referencia al hecho de anular o eliminar cualquier proceso, actividad, acción o ley que legitime o sostenga la esclavitud de un grupo de individuos sobre otro grupo de individuos. Es decir, se refiere exclusivamente al propósito de poner fin a una opresión existente entre el fuerte y el débil derogando las leyes que lo permiten. Este término se popularizó en Estados Unidos durante la presidencia de Abraham Lincoln (1861–1865), cuando declaró el fin de la esclavitud de los hombres blancos sobre el resto, anulando con ello cualquier ley que regulara la misma. Hoy en día el término abolición dentro del ámbito de Derechos de los animales hace referencia al fin de la esclavitud de los humanos sobre los no-humanos. Y el resultado consecuente de su abolición supondría por ende aplicar la prohibición de la esclavitud sobre los no-humanos mediante leyes y normas inquebrantables.

abolicionismo


BIENESTARISMO

Término que a pesar de su verdadero significado (el cual analizaremos a continuación), debido principalmente a la gran crítica social que sufrieron las industrias de explotación animal en el Reino Unido a mediados de los años 60 (en gran parte debido a la repercusión mediática que supuso el libro “Animal Machinesde Ruth Harrison donde se denunciaban las crueles prácticas utilizadas por estas industrias contra los animales no humanos), acabó sucumbiendo a los intereses de esas mismas industrias cuando el gobierno británico decretó como obligatorios una serie de principios, que bajo la etiqueta de “libertades”, comunicaron que iban a satisfacer los intereses básicos de los animales utilizados en la explotación con tal de minimizar o eliminar su sufrimiento.

Abolición

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Bienestar_de_los_animales

De esta manera se instó a las industrias de explotación animal a que dieran pie a una serie de nuevas regulaciones que se dieron a conocer ante el público como “reformas bienestaristas”. La realidad es que muy lejos de lo prometido, estas medidas tan solo trataban de aplacar el notable pesar de la opinión pública ante las deplorables prácticas de explotación expuestas y denunciadas. Y así encontraron en el término “bienestar” un eufemismo perfecto y efectivo, que muy lejos de solventar las libertades prometidas, fortalecieron psicológica y moralmente en las ideas del consumidor la posibilidad de una explotación “correcta” con los animales no humanos. Lamentablemente esta tergiversación en el sentido y uso de dicho término sigue hoy en día patente incluso en cualquier debate relacionado con los Derechos de los animales por quiénes además tratan de defender los intereses de los mismos.

Pero ¿donde se origina el verdadero significado de “bienestarismo”? Para tratar de ser imparciales en cuanto a nuestro criterio o juicio respecto a este concepto y todo lo que el mismo abarca, primero debemos de indagar en la palabra raíz del mismo, que no es otra que “bienestar”.

Como bien es sabido, el bienestar hace referencia a la calidad de vida. Pues tal y como su etimología señala se refiere a “bien” y “estar”, del latín “bene” y “stare”. Y viene a ser o determinar un estado óptimo de satisfacción en el individuo al encontrar todas sus necesidades e intereses principales cubiertos.

Por tanto, la palabra “bienestarismo” trata de hacer referencia a la corriente de pensamiento que busca el bienestar individual o de un colectivo ( Benthan; An introduction to the Principles of Morals 1781 ). Y es por esto, que cuando se trata de reflexionar sobre aspectos sociales y de calidad de vida en relación a grupos de humanos no vemos inconveniente alguno en hablar de bienestar.

Ejemplos de ello son conceptos como el de “Estado de bienestar”, que viene a referirse a un modelo social y político en el que el Estado tiene como objetivo garantizar y proveer los servicios necesarios a sus ciudadanos con tal de que estos puedan disfrutar de todas sus necesidades satisfechas. O el de “bienestar social”, que se refiere al conjunto de esos factores que participan y conforman la calidad de la vida de las personas en una sociedad y que por ende, producen sensación de satisfacción individual o grupal.

Ejemplar imagen de lo que nos viene a la cabeza por “bienestar” cuando nos referimos a los seres humanos.

Después de lo mencionado no es difícil advertir que claramente existe una doble moral a la hora de utilizar y entender el concepto de “bienestar” en dependencia de si nos referimos a los animales humanos, o si contrariamente nos referimos a los animales no humanos. Una arbitrariedad que por el bien de los no-humanos merece la pena que visibilicemos.

Y es que a pesar de su sentido original, resulta indiscutible entrever que el vocablo “bienestar” cuando nos referimos a los no-humanos, ha sufrido una notable tergiversación fruto en gran parte de los hechos anteriormente mencionados durante los años 60, en lo cuales las industrias de explotación animal decidieron bautizar sus reformas de reducción de sufrimiento como “bienestaristas” (claramente porque dicho eufemismo suena mucho mejor a oídos de los consumidores). De ahí a que hoy en día, incluso dentro del ámbito de Derechos de los animales se suele entender por “bienestar animal” o “bienestarismo” a ese criterio que considera que los seres humanos disponemos del derecho y la legitimidad moral de utilizar y explotar a los individuos de otras especies por el bien de nuestros propios intereses. Siempre y cuando eso sí, no seamos crueles con ellos y les aseguremos una mínima condiciones de supuesta calidad. Un entendimiento en realidad totalmente erróneo y arbitrario.


NEOBIENESTARISMO

De los hechos anteriores surgió lo que hoy se conoce como “neobienestarismo”, un concepto mucho más moderno que los dos anteriores, y que nace de las reflexiones del profesor en derecho y famoso teorizador en materia de Derechos de los Animales, Gary Francione.

Francione es reconocido internacionalmente por ser pionero en el planteamiento de toda una línea de pensamiento que él mismo autodenominó “enfoque abolicionista”, y en la que denuncia abiertamente el estatus de propiedad de los animales no humanos y las reformas “bienestaristas” que comentábamos en el punto anterior. Pues indica que la razón principal de estas reformas en realidad no surge de la intención altruista de proveer ningún nivel significante de protección para los intereses de los animales no humanos, sino más bien para calmar las conciencias de los consumidores y a normalizar el estatus de propiedad con el que se encuentran sometidos legalmente los animales no-humanos.

Y hasta aquí todo bien, pero el problema radica en que el criterio de ejecución de las ideas del profesor Gary Francione corresponden a una línea de pensamiento 100% deontologista (para información más detallada sobre este marco normativo y su opuesto; el consecuencialismo, pueden clicar en esta otra entrada). El cuál se explica desde “Ética Animal” de la siguiente manera:

abolicionismo

Fuente: http://www.animal-ethics.org/diferentes-teorias-eticas/

Y es debido precisamente a esta razón, que en su distinguido libro “Rain Without Thunder: The Ideology of the Animal Rights Movement, Francione dicta que pedir, apoyar y/o conseguir mejoras en las condiciones de explotación de los animales no humanos es especismo y por ende, injustificable. De esta manera, Fracione considera que todo aquel activista por los derechos de los animales que no siga su criterio de pensamiento deontologista ( para saber más léase el siguiente artículo sobre Francione), es decir, que por empatía y/o estrategia apoye cualquier campaña de regulación que pueda mejorar las condiciones de explotación de los animales no humanos ( inclúyanse campañas monotemáticas ) en lugar de pedir la abolición directamente, es un NEObienestarista.

Y así es como los seguidores de la línea de pensamiento deontologista propuesta por Francione, decidieron acapararse del término “abolicionismo” con el fin de dejar excluidos del mismo, a todo aquel activista que por cuestiones estratégicas basadas en un línea de pensamiento pragmático y un activismo consecuencialista, no siguieran su “irrefutable” modelo de (in)acción. Y asimismo tratar de dar a entender en el debate de Derechos de los animales, que los activistas pragmáticos no buscan la abolición, lo cual es totalmente falso.

Desde Ética Animal nos explican en que se basa el consecuencialismo así:

abolicionismo

Fuente: http://www.animal-ethics.org/diferentes-teorias-eticas/

En definitiva, lo que los “Francionistas” (término mucho más adecuado e imparcial para utilizar que el de “abolicionistas”, por referirse el segundo a un objetivo, y no a una metodología) falsamente promulgan, es que los activistas que ellos tachan de “neobienestaristas” lo que buscan es un trato “correcto” en la explotación de los animales no humanos a la par de lo que promovían las industrias del Reino Unido durante los 60 cuando eufemísticamente se apropiaron del término “bienestarismo” para definir sus propias medidas de “explotación correcta”.

Pero la verdad es que tal y como dijimos al principio de esta entrada, los “neobienestaristas”, también buscan la erradicación de la explotación de los animales no humanos y terminar con su injusto estatus de propiedad, solo que se atienden al contexto desde una perspectiva realista y factible (consecuencialismo), y no mágica y utópica (deontologismo).

abolicionismo

Imagen satírica sobre la mentalidad deontologista propuesta por el “enfoque abolicionista” de Francione en el contexto histórico del siglo XVIII cuando se trataba de abolir la esclavitud humana en los Estados Unidos.


Es por las razones acabadas de comentar, que los “neobienestaristas” cuando lo consideran apropiado, apoyen por ejemplo también campañas de concienciación monotemáticas(1), como es el posicionarse en contra de las corridas de toros, del uso de pieles, de los parques zoológicos, de la experimentación animal, de la matanza de focas o de la caza, entre tantas otras, mientras que los francionistas las condenan por considerarlas especistas ¿Pero no sería acaso, contrariamente especista el hecho de rechazar ofrecer nuestra voz y nuesto apoyo a un grupo de individuos explotados ateniéndonos a que pertenecen a una especie concreta?

Por otro lado, cabe destacar que en ocasiones (y aquí es donde se halla el mayor punto de controversia), deberse a una mentalidad pragmática puede suponer tener que tomar decisiones difíciles y no ideales (pues supone enfrentarse a los problemas desde la realidad) Como por ejemplo decidir apoyar medidas que aunque no sean 100% éticamente correctas, sí que traen mejores resultados para las víctimas explotadas o maltratadas, como son las reformas “bienestaristas” que ya hemos comentado. O mejor llamadas campañas/reformas “de reducción de sufrimiento”, que es como a partir de ahora por ser un término más objetivo, en este blog las llamaremos.

Las campañas/reformas “de reducción del sufrimiento” sobre los animales no humanos explotados, no son idóneas porque no claman claramente el fin de su esclavitud, pero sin embargo sí que pueden hacer menos violenta su explotación o trato. Y es necesario que seamos honestos, no causa el mismo nivel de perjuicio que estando esclavizado te fuercen a trabajar de sol a sol dándote latigazos, a que te fuercen a trabajar de sol a sol a base de manguerazos. Que sí, que ambas situaciones son éticamente incorrectas, pero el grado de sufrimiento que produce la primera, claramente la hace más indeseable que la segunda. Y esto se debe a que existe un ingrediente extra en esa violencia, y este es el ensañamiento. Pues cuando la violencia o la explotación se comete con ensañamiento y sin ningún tipo de miramiento, incluso hasta la muerte puede verse como algo deseable.

abolicionismo

Gracias al éxito de la campaña de “reducción de sufrimiento” en contra de las celdas de gestación(2) se consiguieron prohibir las mismas en muchos países (Dinamarca, Holanda, España, etc).

A esto, cabe añadir, que no todos los activistas pragmáticos, o malintencionadamente denominados “neobienestaristas”, a diferencia de los francionistas, tienen porque compartir la misma opinión sobre diferentes reformas “de reducción del sufrimiento” u otras cuestiones parecidas, e incluso mientras que algunos pueden considerar una reforma determinada como deseable, puede que otros no la consideren suficientemente satisfactoria como para apoyarla(3).

En definitiva, aunque lo ideal sería poder hacer entender a la sociedad, tal y como precisamente propagan los Francionistas, que lo esencialmente injusto y arbitrario de la explotación de los animales no humanos no se haya en el trato, sino en el uso (en pensar que tenemos legitimidad moral en utilizarlos para nuestros propios propósitos egoistas), es necesario que concurramos en un ejercicio de realismo si realmente queremos ser efectivos. Y es que aceptemos que no vivimos precisamente en un mundo ideal. Y que contrariamente vivimos en un mundo bastante injusto, cruel y despiadado donde la mayoría de gente parece haber perdido (o quizás nunca la hayan tenido) su capacidad individual de autocritica y análisis, para oponerse y enfrentarse a los dogmas establecidos y propagados por la tradición, la religión, la cultura y el capital, y amparados por el quehacer indiferente de la inmensa mayoría.

Ello nos llevará a entender que las masas en general, contrariamente a estar dispuestas a aceptar inmediatamente la abolición de la esclavitud animal por lo que les supondría al tener que renunciar a sus actuales privilegios, comodidades y placeres productos de tan injusta práctica, sí que suelen aceptar reformas de “de reducción del sufrimiento” (a las que llaman “bienestaristas” o de “bienestar animal”) . Y la razón es simple, aunque se niegan a enfrentarse a la realidad, no quieren sentirse culpables del sufrimiento que padecen los animales no humanos por culpa de su consumo.

Lo cual dentro de lo malo, aquellos que tratamos de hacer este mundo algo más justo, tenemos el deber moral de entrever en esta desafortunada situación una pequeña oportunidad que se nos ofrece, para al menos meditar cada posible nueva reforma “de reducción de sufrimiento”, no por ser completamente afín al objetivo final, sino por poder ser deseable o no, para aquellos individuos que a diferencia de nosotros sí que están sufriendo la violencia de la explotación. Pues por mucho que gritemos por el fin de su esclavitud, los individuos no humanos van a seguir siendo explotados durante algunos años más, y que menos que mientras seguimos clamando por su liberación reflexionemos al menos sobre la posibilidad de apoyar durante ese camino a según que reformas que puedan procurarles condiciones menos insoportables. A lo que deberíamos preguntarnos ¿Sería esta reforma anhelada dentro de lo malo, para nosotros mismos si fuéramos el individuo subyugado?

Si pensamos que sí, no deberíamos negarnos a la misma. Obviamente siempre dejando claro, que la meta no es conseguir inventar una “explotación correcta” o “menos dañina”, sino el fin de la misma.

abolicionismo


En resumidas cuentas concluimos y destacamos que:

1. Todo aquel activista Vegano que tiene como objetivo el fin de la explotación de los animales no humanos, independientemente de la metodología de acción o estrategia a la que se deba, es por índole abolicionista (término que hace referencia a una meta). Y no solo aquellos que de manera dogmática hayan decido deberse a la línea de (in)acción deontologista propuesta por Gary Francione.

2. El bienestar es algo bueno y deseable tanto para humanos como para no humanos, y si algún día alcanzamos una sociedad Vegana, dentro de ese nuevo paradigma tendremos el deber moral en tratar de procurar y asegurar ese mismo bienestar que tanto nos gusta disfrutar a los individuos humanos, para los individuos del resto de especies. De otra manera estaríamos gestionando (ofrecer o negar) nuestra capacidad de ayuda a otros individuos arbitrariamente bajo pretextos nuevamente especitas.

3. El bienestarismo es un eufemismo inventado por las industria de la explotación animal durante el siglo pasado, y reutilizado y renovado por los francionistas (o autodenominados abolicionistas) en lo que ellos llaman “(neo)bienestarismo” para desprestigiar a aquellos activistas que aún y también buscando la abolición de la explotación, no siguen su misma línea de pensamiento y (des)activismo deontologista. A lo dicho, esas supuestas reformas “bienestaristas” en realidad son reformas “de reducción de sufrimiento”, pues no procuran bienestar (algo por índole positivo), pero contrariamente sí que pueden procurar una situación menos desfavorable y dolorosa, para los individuos explotados.

4. Las discrepancias dentro del movimiento de los Derechos de los Animales no son entre “abolicionistas” y “(neo)bienestaristas”. Sino entre Francionistas y Pragmáticos.

 



(1) Cabe destacar que aunque la temática de estas campañas sea específica, visualizan igualmente el injusto estatus de propiedad y el nivel de crueldad y maltrato que padecen los animales no humanos en nuestra manos. Además cabe sumársele, que este tipo de campañas disponen de un ingrediente de aceptación y visualización mucho mayor para el público en general, que las campañas colectivas (que ojo, también son necesarias). Pues suelen conllevar de manera más notable un acercamiento indirecto a la cuestión de Derechos de los Animales a personas, que ya sea por prejuicio o terquedad, suelen sentir rechazo ante las reivindicaciones radicales (entiéndase en su connotación objetiva) de grupos progresistas. De esta manera, una vez envueltas estas personas en una causa animalista específica se encuentran repentinamente envueltos en parte del movimiento y se nos brinda la posibilidad de educarlos y darles a conocer otras atroces facetas producto del especismo, que de otra manera difícilmente pudiéramos hacerles llegar.

Por ejemplo, téngase en cuenta a manifestantes antitaurinos que seguían consumiendo productos animales, pero que una cosa les llevo a la otra, y gracias a ello al final han acabado volviéndose Veganos. Por el contrario, la no participación de activistas Veganos en manifestaciones contra la tauromaquia, probablemente no hubieran atraído a esos otros activistas meramente antitaurinos al Veganismo.

Sin olvidar además, de que los grupos de animales específicamente defendidos en ese momento (toros, visones, animales en zoos, ratones, focas, animales salvajes, etc) también tienen mucho que ganar, y poca culpa de ser mayor o menor desconsiderados en dependencia a la especie a la que pertenecen por el grueso de la sociedad, además de no tener dicha concepción sobre si mismos (especie a la que pertenecen). Por tanto, como antiespecistas, deberíamos dejar de ver a animales de una determinada especie, y tan solo ver individuos.

(2) Las jaulas de gestación son un procedimiento brutal de enjaulamiento en el que las cerdas hembras ni siquiera podían darse la vuelta durante toda su vida/cautiverio, con lo cual incluso aplastaban muchas veces a sus propios hijos sin poder hacer nada para evitarlo.

(3) Véase como ejemplo la campaña “de reducción del sufrimiento” (eufemísticamente llamada “bienestarista”) que hace poco IA ( Igualdad Animal )  encabezó, en la que se pedía a distintas superficies alimentarias que para el año 2025 no se vendieran más huevos de gallinas enjauladas, dándose a entender que la venta de huevos de gallinas “camperas” era moralmente aceptable y pidiendo un cambio demasiado pequeño para tener que esperar tanto tiempo en producirse. A lo cual, no solo francionistas (o autodeominados “abolicionistas”) mostraron por mera inercia su desacuerdo ante esta campaña, sino también otros activistas que aunque también pragmáticos (en la que nos incluimos) como IA, la consideramos confusa y poco ambiciosa. Aclarar, que a pesar de ello, desde “El Vegano Radical” consideramos que IA en general hace un trabajo espléndido.

Otro ejemplo de mala campaña “de reducción del sufrimiento” a nuestro entender, por las mismas razones que la anterior, sería la famosa y polémica “Lunes sin carne”.

  • Inma Love Eclipses

    Muy interesante, muchas gracias por la información. Arriba el bienestarismo y abajo el malestarismo
    😀 😀

    • Gracias Inma. Desde luego eso de “malestarismo” no suena nada atrayente…