La agónica existencia de 269

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Os presento a número 269, quien carece de nombre ya que ha sido traído al mundo simplemente para ser convertido en un mero producto de consumo. Por ello su individualidad, necesidades e intereses son totalmente ignorados.

A pesar de ello 269 es un individuo sensible y emocional perteneciente a la especie “Sus scrofa domestica“, un tipo de cerdo que lleva siendo explotado por los animales de la especie “Homo Sapiens” (o más conocidos como seres humanos) desde hace unos 13000 años, a lo que cabe añadir que en el último siglo con la revolución industrial y tecnológica su explotación se ha visto multiplicada hasta el punto que por cada minuto que pasa 2300 individuos de su misma especie están siendo matados alrededor del mundo para ser convertidos en salchichas, panceta, hamburguesas u otros productos cárnicos para satisfacer el apetito del animal Humano.

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San Valentín y el amor

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Hoy es otro de esos días en los que supuestamente se celebra el Amor, la gente compra cosas para regalar a otros y se mandan mensajitos diciéndose lo mucho que se quieren ¡Que bonito!

Pero la verdad es que hoy no es más que un día como otro cualquiera, un día en el que obviamente debería de haber amor, pero no por ser San Valentín, sino porque el amor debería ser la razón principal que dirige nuestras acciones. Lamentablemente esta mierda de sociedad regida por un devastador capitalismo sin escrúpulos no promueve más que el egoísmo, el materialismo, la competencia, la irresponsabilidad, la indiferencia y el individualismo entre nosotros y a los que no consideramos como nosotros. Tan perdidos nos encontramos que incluso necesitamos celebrar la fiesta del amor una o dos veces al año para no olvidarnos de que éste existe.

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El insaciable consumismo y su relación con la comida

Atrapados en una sociedad que nos incita a producir y comprar de manera irreflexiva, innecesaria e incluso perjudicial, hemos quedado emocional e intelectualmente anclados en la superficialidad y la decadencia moral. Sin ser capaces de advertir de que el acto más revolucionario contra ese consumismo se haya en algo tan básico como son nuestros platos.

Suena el despertador a las 7 de la mañana y nos levantamos con el objetivo de ir al trabajo, donde invertiremos más de 9 horas entre trayectos, comidas y faena haciendo algo que seguramente ni siquiera nos gusta ni nos interesa, repitiéndolo así durante al menos cinco días a la semana. Y cuando llegamos a casa después de esa agotadora jornada laboral nos sentimos reventados, pero no podemos olvidar de que en ella también hay faena que realizar. Así que al final del día el tiempo que nos queda para disfrutar haciendo lo que nos gusta es bastante escaso, por no decir efímero, y suele reducirse a ver un rato la tele, a ejercer la navegación fantasma por internet, a tomar una cerveza con algún amigo fuera y poco más. Los más sacrificados quizás invertirán parte de ese escaso tiempo libre que les queda para hacer algo productivo, como practicar deporte o algún otro tipo de actividad personalmente beneficiosa, pero no por ello divertida.

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El mito de la superpoblación ( II )

Este escrito es una continuación de este otro, es por ello, que para que el lector pueda situarse en el contexto del siguiente, se recomienda leer antes su primera parte.

Con todo lo expuesto en el anterior articulo, hemos concluido que el verdadero problema no reside en una superpoblación de humanos, sino en los dañinos hábitos alimentarios de ésta, que derivan directamente de una superpoblación de animales criados explícitamente para consumo humano. Con ello, no cabe duda de que la necesidad de la humanidad por dejar de comer animales ya no es sólo una cuestión moral o de principios éticos teniendo en cuenta el nivel de menosprecio y violencia que ejercemos diariamente contra ellos simplemente para complacer nuestro apetito (entre otros asuntos), sino que además, ahora ya se ha convertido en una cuestión de supervivencia, no solo para la humanidad, sino para todo tipo de vida en el planeta. Y es que en definitiva, el seguir manteniendo este tipo de sociedad mundial cegada por su adicción a comer animales (sociedad carnista) es un despilfarro de recursos totalmente insostenible.

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